Argentina 200 años de Independencia

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DOCUMENTOS

003 | LAS MISIONES JESUÍTICAS SECULARIZADAS (Por Bartolomé Mitre) (1821-1906)

Las misiones jesuíticas secularizadas

Al emprender su viaje desde Inglaterra, San Martín iba a cumplir los 34 años de edad. Había nacido el 25 de febrero de 1778 en Yapeyú, uno de los treinta pueblos de las antiguas Misiones Guaraníticas, situadas sobre las márgenes del Alto Uruguay y Alto Paraná, pertenecientes entonces al gobierno de Buenos Aires.

Después de la expulsión de los famosos fundadores de las Misiones Jesuíticas del Paraná y Uruguay (1768), fueron éstas secularizadas y sometidas a un régimen de explotación comunista calcado sobre el tipo primitivo, sin la disciplina monástica a que debieron su cohesión artificial y su ficticia prosperidad. Divididas al principio en dos gobernaciones, se reconcentró más tarde su dirección en un solo gobernador en lo político y militar, y un administrador general en lo económico, con tres tenientes gobernadores auxiliares de uno y otro, cada uno de los cuales tenía a su cargo un departamento. El tercero de estos departamentos se componía de los pueblos de La Cruz, Santo Tomé, San Borja y Yapeyú, del cual el último era la capital y le daba su nombre.


Genealogía

En 1778 hacía tres años que el capitán don Juan de San Martín desempeñaba el puesto de teniente gobernador del departamento de Yapeyú, siendo a la sazón gobernador de toda la provincia de Misiones el capitán don Francisco Bruno de Zabala. Soldado oscuro y valiente, de cortos alcances, aunque de noble alcurnia, probo como administrador y generoso como hombre, era natural de la villa de Cervatos en el reino de León. En 1770 siendo ayudante mayor de la asamblea de la infantería de Buenos Aires, recibió repentinamente orden para embarcarse en una expedición militar, y en tal ocasión otorgó poder a tres de sus compañeros de armas para que alguno de ellos, en cumplimiento de la palabra empeñada, se desposase con doña Gregoria Matorras - "doncella noble"-, dice el documento, y sobrina del famoso conquistador del Chaco, del mismo apellido -la misma que en aquella época acompañándole en su modesto gobierno le daba el cuarto hijo, que fue bautizado con el nombre de José Francisco-. Hace su elogio, que como jefe de una de las administraciones más ricas de las Misiones, montada sobre el monopolio y la explotación más absoluta, contrajese su actividad a cumplir con su deber haciendo el bien posible, y se retirara de su puesto con escasos bienes de fortuna cuando se pasaban años enteros sin ser abonados los sueldos de su empleo.

Yapeyú, situado a los 29 31' 47" de latitud austral marca la transición entre dos climas. Su naturaleza participa de las gracias de la región templada a que se liga por sus producciones, y del esplendor de la no lejana zona intertropical de cuyas galas está revestida. Fundado sobre una ligera eminencia ondulada, a orillas de uno de los más caudalosos y pintorescos ríos del orbe que baña sus pies, desde la meseta que domina aquel agreste escenario, la vista puede dilatarse en vastos horizontes y en anchas planicies siempre verdes, o concentrarse en risueños paisajes que limitan bosques floridos y variados accidentes del terreno de líneas armoniosas . En la época de los jesuitas era Yapeyú una de las poblaciones más florecientes de su imperio teocrático. Al tiempo del nacimiento de San Martín, bien que decaída, era todavía una de las más ricas en hombres y ganados. Levantábase todavía erguido en uno de los frentes de la plaza, el campanario de la iglesia de la poderosa Compañía, coronado por el doble símbolo de la redención y de la orden. El antiguo colegio y la huerta adyacente, era la mansión del Teniente Gobernador y su familia. A su lado estaban los vastos almacenes en que se continuaba por cuenta del rey la explotación mercantil planteada por la famosa Sociedad de Jesús, que había realizado en aquellas regiones la centralización de gobierno en lo temporal, loespiritual y lo económico, especulando con los cuerpos, las conciencias y el trabajo de la comunidad. Tres frentes de la plaza estaban rodeados por una doble galería sustentada por altos pilares de urunday, reposando en cubos de asperón rojo, y en su centro se levantaban magníficos árboles, entre los que sobresalían gallardamente gigantescos palmeros, que cuentan hoy más de un siglo de existencia.


Primeros años

El niño criollo nacido a la sombra de palmas indígenas, borró tal vez de su memoria estos espectáculos de la primera edad; pero no olvidó jamás que había nacido en tierra americana y que a ella se debía. Contribuyeron sin duda a fijar indeleblemente este recuerdo, las impresiones que recibió al abrir sus ojos a la luz de la razón. Oía con frecuencia contar a sus padres las historias de las pasadas guerras de la frontera con los portugueses, que debían ser los que más tarde redujesen a cenizas el pueblo de su nacimiento. Su sueño infantil era con frecuencia turbado por las alarmas de los indios salvajes que asolaban las cercanías. Sus compañeros de infancia fueron los pequeños indios y mestizos a cuyo lado empezó a descifrar el alfabeto en la escuela democrática del pueblo de Yapeyú, fundada por el legislador laico de las Misiones secularizadas. Pocos años después, Yapeyú era un montón de ruinas; San Martín no tenía cuna; pero en el mismo día y hora en que esto sucedía, la América era independiente y libre por los esfuerzos del más grande de sus hijos, y aún viven las palmas a cuya sombra nació y creció.


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