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014 | AQUÍ YACE REMEDIOS DE ESCALADA, ESPOSA Y AMIGA DEL GENERAL SAN MARTÍN (Por César H. Guerrero)


El espíritu bondadoso y tierno de D. Remedios, dejó al morir, un vacío en la sociedad porteña y un dolor profundo en el corazón de su amado esposo que debió añorarla hasta encontrar también él, su tumba en tierra extraña, después de sufrir las alternativas de su vida y de su propia enfermedad, aunque si bien consolado por su querida hija que tan solícitamente lo cuidara. Muchos años después de aquel triste desenlace, fue bautizado con su nombre un Partido de la provincia de Buenos Aires, en justiciero homenaje de su pueblo, por haber sido la abnegada esposa del gran visionario, y haber muerto cuando le sonreía el porvenir, unida al Libertador de medio continente, el apuesto caballero que aparte de ser un militar de jerarquía era un hombre sociable, amante de la música y del baile, aunque a veces severo con la disciplina de su tropa. Y si bien era elegante, no lo envanecía el lujo, la pompa ni la gloria.

A este hombre providencial estuvo unido el destino de Remedios de Escalada, sin pensar a donde la llevaba, a ella, una jovencita nacida y criada sin conocer los vaivenes de la vida, mimada de sus padres y de la sociedad en que actuaba, desenvolviéndose "en el hogar virtuoso y aristocrático" de los Escalada de la Quintana. Era su padre un rico comerciante, y su madre, de las principales familias de Buenos Aires, de los salones lujosos del Virreynato, y sus hermanos, Mariano y Manuel, futuros compañeros de armas del cuñado en el cuerpo de oficiales del Ejército que éste comandaba.

Todo esto la había hecho iniciar y participar de movimientos femeninos en pro de la causa que perseguía su consorte, tanto en Buenos Aires como en como en Mendoza. Aquí bordando la Bandera de los Andes; allá obsequiando fusiles para el ejército dela patria, cuando la amenazaba una nueva invasión hispana por el mar. Los mendocinos supieron atenderla como merecía, y el General, con ella a su lado parecía que había rejuvenecido y tomado mayor vigor su esfuerzo en la consolidación del ejército que preparaba para su gran campaña. Ella, lo mismo, había sentido como un renacer en su espíritu, aunque el cambio le fuera brusco, tanto físico como moral. Salir por primera vez de un ambiente como el de Buenos Aires, para internarse en un lugar tan diferente como el suyo, debía producir su efecto. Pero como la joven esposa venía a unirse con su marido, aquello no hizo el efecto que en otras circunstancias le hubiera sido sensible. Empero, la suerte es así, no siempre dable en las personas que la merecen.

Eso le ocurrió a Remedios Escalada de San Martín que no tuvo la suerte de compartir con su marido las delicias del hogar, ni tampoco que estuviera a su lado en el lecho de muerte, en el momento supremo. A mediados del año de su deceso (1823), San Martín, que hacía poco había traspuesto los Andes de regreso del Perú, se propuso seguir viaje a Buenos Aires, desde Mendoza, para atender a su mujer que lo reclamaba. No pudo hacerlo porque en mayo le avisaron que en el camino había gente armada para prenderlo. Eran los que se sintieron defraudados cuando fuera llamado para que se pusiera a su lado en la disputa por el poder, mientras se disponía a emprender su expedición al Perú desde Chile. Sin embargo, emprendió solo su viaje para unirse con su esposa, pero, desgraciadamente, llegó tarde a darle el bien morir, por cuya circunstancia "no pudo estar junto a ella en la hora de la muerte."

Así se esfumó el espíritu de Remedios de Escalada de San Martín, como rosa deshojada por el viento, añorando hasta el último instante la presencia del esposo que regresaba, pensando en el porvenir que le esperaba...


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