Argentina 200 años de Independencia

200 AÑOS DE INDEPENDENCIA

 

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Libertador José de San Martín
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DOCUMENTOS

027 | RELATOS DE CONTEMPORÁNEOS (Recopilados por José Luis Busaniche)


El General San Martín

En 1838, San Martín tuvo noticias del bloqueo de Buenos Aires, establecido por el gobierno francés a raíz de un conflicto con nuestro país. San Martín escribió de inmediato a Juan Manuel de Rosas: "Y visto por los papeles públicos de ésta, el bloqueo que el gobierno francés ha establecido contra nuestro país; ignoro los resultados de esta medida; si son los de la guerra, yo sé lo que mi deber me impone como americano, pero en mis circunstancias, y la de que no se fuese a creer que me supongo un hombre necesario, hacen, por un exceso de delicadeza que usted sabrá valorar, que espere sus órdenes; tres días después de haberlas recibido, me pondré en marcha para servir a la patria honradamente en cualquier clase que se me destine". Rosas contestó de inmediato en forma encomiástica para el prócer y declinó su ofrecimiento "mucho más -le decía- cuando concibo que, permaneciendo ud. En Europa, podrá prestar en lo sucesivo a esta República sus buenos servicios en Inglaterra y Francia". San Martín y Rosas mantuvieron desde entonces correspondencia cordial, contando la política internacional de Rosas siempre con el apoyo del héroe argentino. Es esta defensa realizada por el Gobernador de Buenos Aires de la integridad del territorio patrio la que le mereció ser acreedor al sable glorioso según el Libertador mismo deja testado.

En 1842, el banquero Aguado falleció repentinamente en Asturias y su testamento reveló que el general San Martín era nombrado albacea de la sucesión y tutor de los hijos del fallecido. Le correspondió también un legado. En su casa de Grand Bourg, recibía el general San Martín a los argentinos e hispanoamericanos que querían llegar hasta él. En 1843, Juan Bautista Alberdi le encontró en París y después concurrió a su casa de Grand Bourg:

"Yo había sido invitado por el excelente hijo político del General San Martín, el señor Don Mariano Balcarce a pasar un día en su casa de campo en Grand Bourg, como a seis leguas y media de París. Este paseo debía ser para mí tanto más ameno cuanto que debía hacerlo por el camino de hierro (por tren), en que nunca había andado. A las once del día señalado, nos trasladamos con mi amigo el señor Guerrico al establecimiento de carruajes de vapor de la línea de Orleans, detrás del Jardín de Plantas. El convoy, que debía partir pocos momentos después, se componía de 25 a 30 carruajes de tres categorías. Acomodadas las 800 a 1000 personas que hacían el viaje, se oyó un silbido que era la señal preventiva del momento de partir. Un silencio profundo le sucedió, y el formidable convoy se puso en movimiento apenas se hizo oír el eco de la campana que es la señal de partida. En los primeros instantes, la velocidad no es mayor que la de los carros ordinarios, pero la extraordinaria rapidez, que ha dado a este sistema de locomoción la celebridad de que goza, no tarda en aparecer. El movimiento entonces es insensible, a tal punto, que uno puede conducirse en el coche como si se hallase en su propia habitación. Los árboles y edificios que se encuentran en el borde del camino, parecen pasar por delante de la ventana del carruaje con la prontitud del relámpago, formando un soplo parecido al de la bala. A eso de la una de la tarde, se detuvo el convoy en Ris; de allí a la casa del general San Martín hay una media hora, que anduvimos en un carruaje enviado en busca nuestra por el señor Balcarce. La casa del general San Martín está circundada de calles estériles y tristes que forman los muros de las heredades vecinas. Se compone de un área de terreno igual, con poca diferencia, a una cuadra cuadrada nuestra. El edificio es de un solo cuerpo y dos pisos altos. Sus paredes blanqueadas con esmero, contrastan con el negro de la pizarra que cubre el techo, de forma irregular. Una hermosa acacia blanca da su sombra al alegre patio de la habitación. El terreno que forma el resto de la posesión, está cultivado con esmero y gusto exquisito; no hay un punto en que no se alce una planta estimable o un árbol frutal. Dalias de mil colores, con una profusión extraordinaria, llenan de alegría aquel recinto delicioso. Todo en el interior de la casa respira orden, conveniencia y buen tono. La digna hija del general San Martín, la señora Balcarce, cuya fisonomía recuerda con mucha vivacidad a la del padre, es la que ha sabido dar a la distribución doméstica de aquella casa, el buen tono que distingue su esmerada educación. El general ocupa las habitaciones altas que miran al norte.

He visitado su gabinete lleno de la sencillez y método de un filósofo. Allí, en un ángulo de la habitación, descansaba impasible, colgada al muro, la gloriosa espada que cambió un día la faz de la América Occidental. Tuve el placer de tocarla y verla a mi gusto; es excesivamente curva, algo corta, el puño sin guarnición; en una palabra, de la forma denominada vulgarmente moruna. Está admirablemente conservada; sus grandes virolas son amarillas, labradas, y la vaina que la sostiene es de un cuero negro graneado semejante al del jabalí. La hoja es blanca enteramente, sin pavón ni ornamento alguno. A su lado estaban también las pistolas grandes, inglesas, con que nuestro guerrero hizo la campaña del Pacífico. "Vista la espada, se venía naturalmente el deseo de conocer el trofeo con ella conquistado. Tuve, pues, el gusto de examinar muy despacio, el famoso estandarte de Pizarro, que el Cabildo de Lima regaló al general San Martín en remuneración de sus brillantes hechos. Abierto completamente sobre el piso del salón, le vi en todas sus partes y dimensiones. Es como de nueve cuartas nuestras de largo y su ancho como de siete cuartas. El fleco de seda y oro ha desaparecido casi totalmente. Se puede decir que del estandarte primitivo se conservan apenas algunos fragmentos adheridos con esmero a un fondo de seda amarillo. El pedazo más grande es el del centro, especie de chapón, donde sin duda estaba el escudo de armas de España, y en que hoy no se ve sino un tejido azul confuso y sin idea ni pensamiento inteligible. Sobre el fondo amarillo o caña del actual estandarte, se ven diferentes letreros, hechos con tinta negra, en que se manifiestan las diferentes ocasiones en que ha sido sacado a las procesiones solemnes por los alférez reales que allí mismo se mencionan "¿Quién, sino el general San Martín, debía poseer este brillante gaje de una denominación que había abatido con su espada? Se puede decir con verdad que el general San Martín es el vencedor de Pizarro: ¿a quién, pues, mejor que al vencedor, tocaba la bandera del vencido? La envolvió a su espada y se retiró a la vida oscura, dejando a su gran colega de Colombia la gloria de concluir la obra que él había casi llevado hasta su fin. Los documentos que a continuación de esta carta se publican por primera vez en español, prueban de una manera evidente que el general San Martín hubiera podido llevar a cabo la destrucción del poder militar de los españoles en América, y que aún lo solicitó también con un interés, y una modestia inaudita en un hombre de su mérito. Pero, sin duda, esta obra era ya incumbencia de Bolívar; y éste, demasiadoceloso de su gloria personal, no quiso cederla a nadie. El general San Martín, como se ve, pues, no dejó inacabado un trabajo que hubiera estado en su mano concluir.

"El actual Rey de Francia, que es conocedor de la historia americana, habiendo hecho reminiscencia del general San Martín en presencia de un agente público de América, con quien hablaba a la sazón, supo que se hallaba en París desde largo tiempo. Y como el Rey aceptase la oferta que le fue hecha inmediatamente de presentar ante S.M. al General americano, no tardó éste en ser solicitado con el fin referido; pero el modesto general, que nada tiene que hacer con los reyes, y que no gusta de hacer la corte, ni de que se la hagan a él; que no aspira ni ambiciona a distinciones humanas pues que está en Europa, se puede decir, huyendo de los homenajes de catorce repúblicas, libres en gran parte por su espada, que si no tiene corona regia, la lleva de frondosos laureles, en nada menos pensó que en aceptar el honor de ser recibido por S. M., y no seré yo el que diga que hubiese hecho mal en esto. "Antes que el señor Marqués Aguado verificase en España el paseo que le acarreó su fin, hizo las más vehementes instancias a su antiguo amigo el general San Martín para que le acompañase al otro lado del Pirineos. El general se resistió observándole que su calidad de general argentino le estorbaba entrar en un país con el cual el suyo había estado en guerra, sin que hasta hoy tratado alguno de paz hubiese puesto fin al entredicho que había sucedido a las hostilidades; y que en calidad de simple ciudadano le era absolutamente imposible aparecer en España, por vivos que fuesen los deseos que tenía de acompañarle. El señor Aguado no considerando invencible este obstáculo, hizo la tentativa de hacer venir de la Corte de Madrid el allanamiento de la dificultad. Pero fue en vano, porque el gobierno español, al paso que manifestó su absoluta deferencia por la entrada del general San Martín como hombre privado, se opuso a que lo verificase en su rango de general argentino. El Libertador de Chile y el Perú, que se dejaría tener porhombre oscuro en todos los pueblos de la tierra, se guardó bien de presentarse ante sus viejos rivales, de otro modo que con su casaca de Maipo y Callao; se abstuvo, pues, de acompañar a su antiguo camarada. El señor de Aguado marchó sin su amigo y fue la última vez que le vio en la vida. Nombrado testamentario y tutor de los hijos del rico banquero de París, ha tenido que dejar hasta cierto punto las "habitudes" de la vida inactiva que eran tan funestas a su salud. La confianza de la administración de una de las más notables fortunas de Francia, hecha a nuestro ilustre soldado, por un hombre que le conocía desde la juventud, hace tanto honor a las prendas de su carácter privado, como sus hechos de armas ilustran su vida pública.

"El general San Martín habla a menudo de la América en sus conversaciones íntimas con el más animado placer; hombres, sucesos, escenas públicas y personales, todo lo recuerda con admirable exactitud. Dudo, sin embargo, que alguna vez se resuelva a cambiar los placeres estériles del suelo extranjero por los peligrosos e inquietos goces de su borrascoso país. Por otra parte, ¿será posible que sus adioses de 1829, hayan de ser los últimos que deba dirigir a la América, el país de su cuna y de sus grandes hazañas?" Juan B. Alberdi UNA VISITA A SAN MARTÍN (Diario de un viaje a Europa)

En 1844, el visitante es otra personalidad argentina: Florencio Varela. El general tiene casa en París y conserva su propiedad de Grand-Bourg. He aquí cómo relata Varela sus impresiones:

"Febrero 29 de 1844. Hoy he visitado en su casa al general San Martín, primer guerrero de nuestro país, a quien se debe la mayor parte de nuestras gloriasnacionales y la mejor escuela militar que hemos tenido. Está viejo, pero fuerte, y su espíritu completamente despejado. Tiene ahora 65 años. Pasé un rato muy agradable con él y su familia hablando constantemente de nuestro país.

"Abril 7 de 1844. Día Domingo. Temprano fui con mi amigo don Manuel Guerrico, a tomar el camino de fierro (el tren) que conduce a Orleans, para ir a la casa de campo del general San Martín, en un paraje llamado Grand- Bourg, como a seis leguas de París.

El general es sumamente aficionado al campo, y desde que pasa la estación del frío, se retira a aquella casa de campo, propiedad suya, donde se entrega al cultivo de plantas y árboles frutales a que tiene grande afición. Con él va su familia toda.

"Hace dos días que le anuncie que hoy iría a despedirme de ellos y aceptó la propuesta de pasar el día en su compañía. El joven Balcarce, yerno del general, nos esperaba en la estación del camino y antes de ir a su casa, me llevó a visitar un establecimiento de jardinería en un punto llamado Tromant, del cual han salido las plantas que conmigo llevo, escogidas y acomodadas bajo la dirección del mismo Balcarce, muy inteligente en eso. Es la primera vez que veo jardinero en la escala del establecimiento de Tromant, como también el arte y la inteligencia con que se cuidan y se mejoran las plantas, y aun seproducen muchas variaciones y especies. En uno de los invernáculos de esta casa, he visto una colección de camelias en que hay más de trescientas variedades de esaplanta, según nos dijo su director, variedades que consisten, no sóloen el color de la flor, sino en su tamaño, su hechura, su constitución más o menos doble, y en otras circunstancias que escapan al examen del que, como yo, es vulgar en la materia. "Este bello establecimiento tuvo por casa la rica colección de plantas de la Emperatriz Josefina, que esta mujer desventurada regaló a su secretario particular, cuando los sueños políticos de su marido la arrojaron a un tiempo del lecho conyugal y de los palacios imperiales.

"Muy agradable día pasé en la casa del general San Martín, y esta última visita al veterano de nuestra independencia, a quien tal vez no volveré a ver, ha tenidopara mí muchos motivos de vivísimo interés.

"Desde luego he visto, con indecible gusto, el famoso estandarte que Francisco Pizarro trajo a la conquista del Perú, el más antiguo y más interesante monumento de aquella época de regeneración y de sangre, de exterminio y de progreso para la América. No se de dónde he sacado, pero tengo por un hecho que ese estandarte fue hecho por las manos de doña Juana la Loca, hija desventurada de la altísima matrona que diestró el trono de Castilla, y madre del nuevo César Carlos V. El general San Martín halló ese estandarte en Lima, cuando la ocupó en 1821 y le llevó consigo al salir del Perú, acompañado con un documento que le dio el Cabildo de aquella capital, certificando la autenticidad del estandarte, que, por otra parte, no necesita que nadie lo certifique, pues habla bien claramente por sí. "El estandarte es de forma cuadrilonga; tiene de largo cuatro varas y un tercio. Es de un genero de seda parecido al raso pajizo, como el que llamamos color de ante, aunque sospecho que debía ser amarillo, y que el tiempo y el uso lo han alterado. Está lleno de remiendos de raso amarillo, mucho más nuevos que la tela original, puestos antes que Lima fuese tomada. En el centro tiene un escudo, de la hechura figurada en el margen cuyo contorno es colorado y el centro azul turquí. "Parece que hubo algo bordado en el centro, pero hoy sólo se distinguen algunos labores toscos e irregulares, hechos de un cordoncillo de seda que debía ser rojo cosido a la tela, como los bordados de trencilla que hacen nuestras damas. "Los españoles, que desde el principio de la conquista, mostraron no comprender la importancia de conservar los monumentos de la época, que condenaron a vandálica destrucción los de los aborígenes y descuidaron y perdieron los propios, parece que conservaron ese mismo espíritu hasta los últimos días de su dominación en América; y el estandarte de Pizarro, símbolo de las glorias españolas, fue singularmente desfigurado, insultado también por los que debieron haberlo custodiado con veneración.

"Era costumbre en Lima, pasear el afamado estandarte por las calles de la ciudad en ciertas solemnidades, y entre otras en la elección anual del Cabildo. No sé si antes del principio de este siglo, se conservaba el recuerdo de la persona que sacaba el estandarte; pero después de 1803, adoptaron el más torpe modo de conservarle: el de pegar un parche de raso, con un letrero impreso, recordando el acontecimiento, lo que se repitió con varias interrupciones hasta 1820, de modo que la venerable tela está toda emplastada de diez parches con las inscripciones siguientes:

"Año de 1803. Sacó este estandarte real el Teniente Coronel D. Andrés de Salazar y Muñatorres, Alcalde ordinario de primer voto.

"Año de 1804. Sacó este estandarte real el Alguacil Mayor de esta ciudad D. José Antonio de Ugarte.

"Sacó este estandarte real D. Tomás Vallejo y Sumará, Regidor y Alcalde Provincial de la Santa Hermandad de esta ciudad, en el año 1805. "Sacó este estandarte real el Señor don Gaspar deZeballos y Caldor, Marqués de Casa Calder, Alcalde Ordinario de 1er. voto, en el año 1807.

"En el presente año de 1815, sacó el estandarte real el Señor D. José Antonio de Erres, Teniente Coronel del Regimiento de Dragones de esta capital, Alcalde Ordinario de primer voto, con acuerdo del Excmo. Cabildo y ausencia del Señor Alférez Real.

"Sacó este estandarte real el Señor D. Francisco Moreira y Matute, Teniente Coronel de Caballería, Contador Mayor del Tribunal y Audiencia Real de cuentas de este Reino y Alcalde ordinario de esta ciudad, año de 1816."Sacó este estandarte en el presente año de 1817 el Señor D. Isidoro de Costázar y Abarca, conde de San Isidro y Capitán de Fragata de la Real Armada, retirado, siendo alcalde de 1er. voto.

"Sacó este estandarte real en el presente año de 1818, el señor D. Manuel de la Puente y Querejazú, del Orden de Santiago, Marqués de Villa Fuerte y Teniente Coronel de Dragones de Caballería, siendo Alcalde Ordinario.

"En el presente año de 1819 sacó este Estandarte Real, el Señor D. José Manuel Blanco de Azcona, del orden de Alcántara, teniente coronel de milicias, Regidor de este Excmo. Cabildo y Alcalde Ordinario de primer voto. "Sacó este estandarte real en el año de 1820, el Señor D. José Tomás de la Casa y Piedra García, Capitán de Granaderos del Regimiento de Infantería de línea de voluntarios distinguidos de la Concordia Española del Perú, tesorero de las rentas decimales del arzobispado, siendo alcalde ordinario de esta Capital".

"Ya en el siguiente año de 1821, no había Alférez Real que sacara el estandarte: la capital de los reyes estaba en poder de las armas libertadoras. Pero ¿a que conducían aquellos parches ridículos cosidos en el estandarte de la conquista? ¿No son ellos una prueba más del vergonzoso abrazo de los dominadores de la América? Sé que Chile ha hecho algunas tentativas para obtener del Jefe del Ejército de los Andes que ceda el estandarte a aquella República; pero no tengo recelo de que él se desprenda jamás de esa joya, sino es en favor de su patria, con cuyos recursos se hizo la memorable campaña. El general cuida con esmero el estandarte. Como estaba deshaciéndose en pedazos, hace algunos años que le hizo poner por el revés un forro blanco contra el cual están cosidos los pedazos que se desprendían de la tela original. He dado algunos pasos para obtener un dibujo exacto de ese precioso documento y espero conseguirlo. "Desde que llegué a París supe que el general San Martín huye cuanto puede de hablar de los sucesos de Buenos Aires y aun de su propia carrera pública. Sin embargo, la primera vez que le visité, primera que él me había visto, dijo en el tono del convencimiento y del, que de toda la parte que él conoce de la América, Buenos Aires es el pueblo más ilustrado y mis más dispuesto a la civilización.

"Hemos pasado algunas horas conversando sobre su vida pública, especialmente sobre sus campañas de Chile y el Perú: he oído su juicio respecto de varios de los jefes y oficiales que con él sirvieron, y sabido algunas anécdotas curiosas. Hablando del desgraciado general Lavalle, me dijo: "Lavalle era un oficial notable por su moral, por su conducta excelente para mandar un escuadrón, valiente como el que más, pero sin cabeza y completamente incapaz para dirigir cosa alguna".

"Los últimos años de la carrera pública de aquel jefe, han mostrado la exactitud de este juicio de su antiguo general. "Entre las anécdotas que me refirió, recuerdo lo siguiente: Inmediatamente después de la memorable batalla de Maipo, que decidió de la suerte de Chile, el general recibió un chasque de Director Supremo Pueyrredón, con oficios en que éste ordenaba que exigiera del vecindario y comercio de Chile una contribución de millón y medio de duros, para indemnización de los gastos de la campaña. Sin comunicar a persona alguna el contenido de esos despachos, contestó al Directorio manifestando lo impolítico de semejante medida, que desmentiría todas las promesas del Ejército, haciéndole aparecer como conquistador en vez de Libertador de Chile, y que indispondría al país, empobrecido ya por las exacciones de los españoles, contra los que, con el nombre de amigos, los expoliaban como aquellos." Florencio Varela"


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