Argentina 200 años de Independencia

200 AÑOS DE INDEPENDENCIA

 

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DOCUMENTOS

085 | 1816: El año de las grandes decisiones - Por Enrique Mario Mayochi

En enero de 1816 ya están en Tucumán algunos de los diputados de los pueblos, entre ellos Godoy Cruz. San Martín le escribe para urgir la reunión del Congreso. Así, el 19, además de participarle que un ataque de sangre lo ha debilitado y obligado a permanecer 19 días en cama, le dice: “¿Cuándo empiezan ustedes a reunirse? Por lo más sagrado, le suplico haga cuantos esfuerzos quepan en lo humano para asegurar nuestra suerte; todas las provincias están en expectación esperando las decisiones de ese congreso: él solo puede cortar las desavenencias (que según este correo) existen en las corporaciones de Buenos Aires”. Y el 24 vuelve sobre el tema: “¿Cuándo se juntan y dan principio a sus sesiones? Yo estoy con el mayor cuidado sobre el resultado del congreso y con más si no hay unión íntima de opinión”. Y el 12 de marzo expresa su alegría: “Su comunicación del 24 pasado llegó a mis manos y fue tanto más satisfactorio, cuanto me anuncia la reunión próxima del congreso; de él esperamos las mejoras que nos son necesarias, y si éste no lo hace, podemos resolvernos a hacer la guerra de gaucho”. Más también ya piensa San Martín en las decisiones por tomarse. Lo preocupa la posible implantación de un sistema político que ponga más énfasis en las autonomías locales que en la unidad de esfuerzos para alcanzar los objetivos comunes. Por ello, el 24 de febrero dice a Godoy Cruz: “Me muero cada vez que oigo hablar de federación. ¿No sería más conveniente trasplantar la Capital a otro punto, cortando por este medio las justas quejas de las provincias? ¡Pero federación ! ¡Y puede verificarse ! Si en un gobierno constituido y en un país ilustrado, poblado, artista, agricultor y comerciante, se han tocado en la última guerra entre los ingleses (hablo de los americanos del Norte) las dificultades de una federación, ¿qué será de nosotros que carecemos de aquellas ventajas? Amigo mío, si con todas las provincias y sus recursos somos débiles, ¿qué nos sucederá aislada cada una de ellas? Agregue Ud. a esto la rivalidad de vecindad y los intereses encontrados de todas ellas, y concluirá Ud. que todo se volverá una leonera, cuyo tercero en discordia será el enemigo.”

Y en la ya citada carta del 12 de marzo, trata el tema relativo al Poder Ejecutivo: “En el caso de nombrar quién debe reemplazar a Rondeau yo me decido por Belgrano; éste es el más metódico de los que conozco en nuestra América, lleno de integridad y talento natural; no tendrá los conocimientos de un Moreau o Bonaparte en punto a milicia, pero créame usted que es lo mejor que tenemos en América del Sur”.


La Independencia

Como a mediados de marzo ya están en Tucumán 21 diputados, se decide iniciar las deliberaciones. El Congreso se instala el 24 y con el correr de los días se incorporarán otros representantes de los pueblos, hasta sumar 33. Nunca llegarán a Tucumán los diputados por Santa Fe, Corrientes, Entre Ríos y la Banda Oriental, mas estarán, sí, los altoperuanos. Mientras tanto, en Buenos Aires, al ser desconocida su autoridad por parte de las fuerzas militares, Alvarez Thomas renuncia el 16 de abril y la Junta de Observación lo reemplaza con el brigadier Antonio González Balcarce, Anoticiado de cuanto ocurre, el Congreso se decide por la designación de un Director Supremo titular, nombramiento que el 5 de mayo recae en el diputado Pueyrredón. Este, tras tomar posesión del cargo, avisa a Balcarce que deberá limitarse, en carácter de delegado, “a cumplir las resoluciones que se le comunicasen”. Al recibirse en Mendoza la noticia de la elección, se la celebrará con festejos e iluminaciones. Cuanto trata el Congreso es importante, mas para San Martín un asunto es prioritario: “¡Hasta cuándo esperamos declarar nuestra Independencia!”, dice a Godoy Cruz en carta del 12 de abril.¿ No le parece a usted -agrega- una cosa bien ridícula acuñar moneda, tener el pabellón y cucarda nacional, y por último hacer la guerra al soberano de quien en el día se cree dependemos? ¿Qué nos falta más que decirlo? Por otra parte ¿qué relaciones podremos emprender cuando estamos a pupilo? Los enemigos (y con mucha razón) nos tratan de insurgentes, pues nos declaramos vasallos. Esté usted seguro que nadie nos auxiliará en tal situación, y por otra parte el sistema ganaría un cincuenta por ciento con tal paso. ¡Animo, que para los hombres de coraje se han hecho las empresas! Veamos claro, mi amigo: si no se hace, el Congreso es nulo en todas sus partes, porque reasumiendo éste la soberanía, es una usurpación que se hace al que se cree verdadero, es decir, a Fernandito.” Como Godoy Cruz responde arguyendo que declaración “no es soplar y hacer botellas”, San Martín le replica el 24 de mayo: “Veo lo que usted me dice sobre el punto de la independencia: no es soplar y hacer botellas; yo respondo a usted que mil veces me parece más fácil hacerla que el que haya un solo americano que haga una sola.” El Congreso decide el 29 de mayo constituir una comisión para que proponga un plan de trabajo. El proyecto es aprobado en junio y en la sesión del 9 de julio se escoge como primer tema del plan a considerar enseguida el relativo a la libertad e independencia del país. Con relación a tan trascendente asunto, dirá la crónica de “El Redactor del Congreso” que “desde hace mucho antes de ahora ha sido el Objeto de las continuas meditaciones de los señores representantes, quienes contraídos en este acto a su examen, y conferidos entre todos los irrefragables títulos que acreditan los derechos de los pueblos del sur, y determinados a no privarles un momento más del goce de ellos, presente un numeroso pueblo convocado por la novedad e importancia del asunto, ordenaron al secretario presentase la proposición para el voto, y al acabar de pronunciarla, puestos en pie los señores diputados en sala plena, aclamaron la independencia de las Provincias Unidas de la América del Sur de la dominación de los reyes de España y su metrópoli, resonando en la barra la voz de un aplauso universal con repetidos vivas y felicitaciones al Soberano Congreso.” San Martín recibe la gran noticia en Córdoba, donde se halla para deliberar con Pueyrredón. “Ha dado el Congreso - escribe a Godoy Cruz- el 16 de julio el golpe magistral con la declaración de la independencia; sólo habría deseado que al mismo tiempo hubiera hecho una pequeña exposición de los justos motivos que tenemos los americanos para tal proceder; esto nos conciliaría y ganaría muchos afectos en Europa”. Y agrega: “La maldita suerte no ha querido el que yo me hallase en mi pueblo para el día de la celebración de la Independencia. Crea usted que hubiera echado la casa por la ventana”.


El acuerdo entre San Martín y Pueyrredón

A poco de hacerse por el Congreso la designación de Director Supremo, San Martín escribe el 19 de mayo a Godoy Cruz: “Con esta remito un extraordinario para Pueyrredón: todo su objeto es tener con él una entrevista para arreglar el plan que debemos seguir: el tiempo es corto, hay mucho que hacer y las distancias son largas: en tres correos se pasa el invierno y hétele que llega el verano, nada se hace, los enemigos nos frotan, y la comedia se acabó a capazos.” Por el correo extraordinario que menciona y con fecha del día anterior, expresaba San Martín a Pueyrredón: “Ni mi salud valetudinaria ni sacrificio alguno es capaz de arredrarme. Al efecto, y para concretar los planes bajo de que debe obrar simultáneamente la nación, con cuyo principal impulso serán nuestros esfuerzos tan ineficaces como parciales, pido encarecidamente a V.E. se sirva permitir me persone en esa ciudad, en cuya entrevista tendré el honor de esgrimir ante las supremas autoridades lo íntimo de mis sentimientos con la sinceridad de un patriota que lo pospone todo a la gloria de consolidar la de su país.” Por este tiempo, ya para nadie es un secreto que San Martín postula una expedición para salvar a Chile; en cambio, son pocos los que tienen idea concreta de que su plan es más vasto y tiene por mira la destrucción del poderío fernandino en el Perú. Pueyrredón se toma su tiempo. A poco de elegido, se dirige a inspeccionar el Ejército del Norte y a deliberar con Rondeau, a quien finalmente hace aceptar su relevo por Manuel Belgrano, cuya designación se hará el 10 de julio. Superado este escollo, analiza y aprueba el 24 de junio una Memoria que se le ha remitido desde Buenos Aires y presentada el 20 de mayo por el oficial mayor de la Secretaría de Guerra, Tomás Guido. El documento es de una importancia extraordinaria y formidable como elemento de convicción. La Memoria de Guido muestra un profundo conocimiento de la situación política que se vive en Europa y en América, así como una precisa información respecto de las fuerzas que puede movilizar el virrey del Perú, y postula sin hesitación que el objetivo por alcanzar en forma inmediata es el de la restauración del antiguo Reino de Chile. Lo sostiene con tres razones, que analiza exhaustivamente una por una: porque es el único flanco donde el enemigo se presenta más débil; porque es el camino más corto, fácil y seguro para libertar a las provincias altoperuanas; y porque la restauración de la libertad en el país chileno consolidará la emancipación de América bajo el sistema a que induzcan ulteriores acontecimientos. El 24 de junio, Pueyrredón da su aprobación a la propuesta de Guido, toma acuerdos con los congresistas sobre diversos asuntos y el 10 de julio participa de las celebraciones religiosas y sociales que se hacen con motivo de la declaración de la Independencia. Enseguida viaja a Córdoba para encontrarse con San Martín. Tan decidido estaba a hacerlo, que el 6 de junio le había escrito desde Jujuy: “dentro de ocho días me pondré de regreso en Tucumán y con muy corta detención continuaré hacia la Capital: de modo que debo llegar a Córdoba del 10 al 12 de julio. Estoy convencido de que es sumamente importante que tengamos una entrevista para arreglar con exactitud el plan de operaciones, que sea más adaptable a nuestras circunstancias. Para esto, creo sería más conveniente señalar la ciudad de Córdoba. San Martín parte de Mendoza el 2 de julio y llega el 9 a Córdoba, donde se hospeda en la casa de don Orencio Correas 2. La conferencia se prolongará por dos días y habrá total acuerdo. El 22, San Martín escribe a Godoy: “Me he visto con el dignísimo Director, que tan acertadamente han designado ustedes. Ya sabe usted que no soy aventurado en mis cálculos, pero desde ahora les anuncio que la unión será inalterable, pues estoy seguro que todo lo va a transar. En dos días, con sus noches, hemos transado todo Ya no nos resta más que empezar a obrar. Al efecto, pasado mañana partimos cada uno a su destino, con los mejores deseos de trabajar en la gran causa.”Al pie de esta carta, Pueyrredón agrega un saludo y su firma. Comentando este singular momento de la vida patria con la independencia declarada y con la decisión de proyectar la revolución allende nuestras fronteras, dice Antonio J. Pérez Amuchástegui: “De aquí en adelante, San Martín no se dio descanso, ni dio descanso a Pueyrredón y a las arcas fiscales: la expedición a Chile tenía que triunfar, aunque para ello el país quedara exhausto. Pueyrredón brindó a San Martín toda su colaboración, descuidando para ello muchas veces problemas gravísimos que hacían a la tranquilidad interior y a la buena administración, y que a la larga redundarían en su perjuicio”.


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