Argentina 200 años de Independencia

200 AÑOS DE INDEPENDENCIA

 

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DOCUMENTOS

031 La Guerra de la Independencia en España - Por Alfredo G. Villegas


Los seis años de la Guerra de la Independencia de España (1808-1814) – recreados novelísticamente por Pérez Galdós en sus "Episodios nacionales" y plásticamente por Goya en sus sanguinas y aguafuertes de la serie "Los desastres de la guerra" y en su óleos "Los fusilamientos" y "El dos de mayo"- son años decisivos en su historia, pues en ellos no sólo se liquida institucionalmente el Antiguo Régimen, sino que, en igual forma se incorpora a la mentalidad española la corriente liberal nacida en Francia. Paradójicamente se estaba combatiendo contra los ejércitos franceses.

Simultáneamente toman cuerpo la autodeterminación en las provincias peninsulares y las formas propias - podríamos llamar "nacionales"- en la autogestión de las provincias ultramarinas. En la guerra de la independencia de España se forja el espíritu de la independencia de América.

Son complejos los elementos que intervienen en este tiempo trágico: tanto el pueblo español –en sus diversas capas y estamentos- como el francés, tienen dos tareas a cumplir: hacer la guerra y la política, pues ambos procuran ganar batallas como arbitrar nuevas formas de gobierno. Inglaterra, principal nación enemiga de Francia, también se presenta en el escenario peninsular.

Los sucesos iniciales se desarrollan Madrid y en Bayona. El pueblo madrileño se subleva el 2 de mayo de 1808, ante la carga de los "mamelucos" (cuerpo de caballería de gran prestigio de origen egipcio) del mariscal francés Joachim Murat, y la oficialidad media española se suma en la defensa de la capital. Los sangrientos encuentros en la Puerta del Sol y en el Parque de Monteleón -con el heroico sacrificio de los artilleros Ruiz, Daoiz y Velarde- son preludio de los fusilamientos en el Retiro, la Moncloa y la montaña del Príncipe Pío. En el mismo día, el alcalde del cercano pueblo de Móstoles lanza una declaración de guerra contra Napoleón y, como reguero de pólvora, en todas las provincias se sublevan los patriotas españoles contra los invasores ejércitos franceses.

Entretanto, mientras los franceses intentan vencer esta oleada nacional, Napoleón continúa en Bayona con su plan de aniquilar a los Borbones de España con el frío método previsto. Si Fernando VII es aún rey, hay que hacerlo volver de la abdicación de Aranjuez, para lo cual debe devolverse la corona a su padre Carlos IV. El 6 de mayo, Fernando VII consiente, no sin dura resistencia, y la corona vuelve a las manos de su padre, si bien no a sus sienes, pues éste la transfiere a Bonaparte para que la entregue a quien juzgue mas conveniente. Su hermano José, rey de Nápoles, acude a Bayona: se hace una consulta -por simple fórmula- al Consejo de Castilla, y Napoleón proclama a su hermano rey de España, concediendo al país una constitución liberal. En toda la España sublevada contra la usurpación, se constituyeron Juntas a la lealtad a FernandoVII -"el Deseado"-, y se reconoció la autoridad de la Junta Suprema Gubernativa que presidía Floridablanca.

Napoleón volcó en esta lucha el grueso de sus tropas escogidas y el mayor número de sus famosos mariscales del imperio. Inglaterra, aliada a España, con una primera fuerza expedicionaria que, al mando de Moore, actúa en Galicia, formaliza su mayor presencia con la intervención de Arthur Wellesley, duque de Wellington.

En los años 1807/1808 se producen estas principales acciones: en el norte, Napoleón Bonaparte cruza los Pirineos y toma Vitoria, cruza el Somosierra y entra en Madrid. Persigue a Moore por Tordesillas y Astorga. En Galicia, el mariscal Soult toma Lugo, Santiago y entra en Portugal por Oporto. En Cataluña, los generales Lefevre y Verdier producen la acción del Bruch y el primer sitio heroico de Zaragoza, mientras Duhesme ataca a Gerona. En el Levante, el mariscal Víctor ataca de Aranda a Castellón. Finalmente, en Andalucía, los generales Gobert, Dupont y Vedell sufren la primera derrota de los ejércitos napoleónicos en los campos de Andújar y Bailén (acción en la que interviene José de San Martín como integrante del Regimiento de Caballería de Borbón).

Al siguiente año, 1809, Napoleón se reintegra a Francia para atender sus asuntos europeos y dispone que el mariscal Lannes domine a Zaragoza, donde se ha vuelto a refugiar Palafox después de la derrota de Tudela y Gerona. Los mariscales Saint Cyr y Augereau golpean con un tercer sitio a Gerona; Soult y Ney dominan en Galicia; Suchet en Aragón y Víctor cubre Madrid, Toledo y Medellín.

El año 1810 contempla una nueva invasión del mariscal Suchet a Cataluña, procedente del Rosellón; Soult invade a Andalucía y Sebastiani, desde Granada se dirige a Murcia y Alcoy. En el año 1812 comienza la lenta reconquista con el auxilio de Wellington, quien toma Ciudad Rodrigo y Badajoz y da el golpe magistral a Mormont en Arapiles. En 1813. el mariscal Soult es llamado a Francia y José Bonaparte traslada la capital a Burgos. Wellington entra en Madrid y el 11 de diciembre se firma el Tratado de Valencey, donde se encontraba prisionero Fernando VII, sin ratificación de la Regencia ni aprobación de las Cortes. Fernando entraba así en su reino, en marzo de 1814, restaurando su poder absoluto contra la acción de los liberales "doceañistas" que consolidaban las victorias conseguidas y contra los movimientos de liberación que se sucedían en las colonias americanas.

Es indudable que, al tiempo de la invasión napoleónica en España, el joven capitán de Regimiento de Infantería Voluntarios de Campo Mayor, José Francisco de San Martín, había llegado a suscitar alguna consideración por sus dotes profesionales, sin contar la forma poco usual de sus primeros ascensos durante la campaña del Rosellón y la distinción que el general Solano le dispensara con su confianza hasta su trágico asesinato en Cádiz. San Martín fue incorporado con su regimiento, al ejército que el general Francisco Javier Castaños reunía en Carmona y Utrera para hostilizar a los franceses que, al mando de Dupont avanzaban hacia Sevilla casi sin oposición y entrando a saco en las poblaciones indefensas. Castaños, que se pronunciara por la patria desde el primer momento al frente de sus fuerzas, no muy numerosas que bloqueaban Gibraltar, iba aumentando sus efectivos con cuerpos aislados y algunos de nueva creación. En la vanguardia, puesta bajo las ordenes del marques de Coupigny, se formó una división volante cuya jefatura se confió al teniente coronel Juan de la Cruz Mourgeon, el mismo en cuya casa se había refugiado San Martín cuando el asesinato de Solano. Habría de ser por esa confianza que San Martín le inspirara, que Mourgeon lo nombró su jefe de vanguardia.

Mientras Castaños ultimaba en Utrera la organización del Ejército de Andalucía, Coupigny, que tenía el cuartel general en Carmona, hostilizaba a los franceses hasta que Dupont se recogió en Andújar. En la madrugada del 23 de junio de 1808 San Martín, que marchaba en descubierta al frente de su vanguardia, se topó con una partida enemiga en la posta de Santa Cecilia: "Pese a tener fuerzas menores, se lanzó al ataque desbaratando por completo a los imperiales, que dejaron en el campo a 17 dragones muertos y 4 heridos, luego hechos prisioneros. Un solo soldado herido fue la pérdida española, habiendo peligrado la vida del jefe vencedor," salvado por un Juan de Dios, cazador de los Húsares de Olivenza;" es todo lo que dice el parte redactado por Mourgeon e Arjonilla, de lo cual toma su nombre este combate. Por hazaña se le debió de tener, pues no se escatimaron las recompensas: San Martín fue hecho ayudante primero de su regimiento; se acordó a la tropa un escudo en dinero a cada uno y la "Gaceta Ministerial de Sevilla" dio noticias del triunfo con exultante énfasis diciendo: "Los que huyen de esta manera son los vencedores de Jena y Austerlitz", imprimiéndose un edicto que se fijó en las paredes para darle gran publicidad.

Se evidencia la importancia dada al hecho pues el marques de Coupigny llamó a San Martín a su lado como ayudante de campo. El destino del futuro Libertador quedó unido a la suerte de este jefe hasta el último día de su carrera bajo el pabellón español. El 27 de junio el ejercito de Castaños inicio la marcha en dirección a Córdoba por la margen izquierda del Guadalquivir. En Porcuna se le unió el Ejercito de Granada, estableciéndose una nueva organización: la vanguardia de Coupigny quedó convertida en segunda división; la primera fue puesta bajo el mando del Mariscal Teodoro Reding, la tercera del mariscal Jones y la cuarta o reserva, con la dirección del general de La Pena. Mourgeon, con su división de montaña, el alcalde de Granada con una partida de irregulares y el conde de Valdecaria - conocedor de la región- debían cuidar los flancos.

En consejo de guerra Castaños pretende atraer a Dupont -acorralado en Andújar- a pelear en campo raso y rodearlo, con las divisiones de Reding y Coupigny, por un lado, y la de Jones y de La Perla, bajo su propio mando, por el otro. Por su carácter de ayudante de campo de Coupigny, San Martín pudo haber asistido al mencionado consejo de guerra y escuchar la discusión del plan de operaciones pero aún de no ser así le alcanzaría, por el mismo motivo, su minucioso conocimiento. Es importante recordar esta circunstancia porque la batalla por venir, gravitaría en su futuro con fecunda experiencia y resultaría Chacabuco una replica estratégica de Bailen.

Los españoles se situaron el día 13 en Arjona y llegaron a su objetivo dos días después. Mientras Reding marchaba con su división a Mengibar, Coupigny tomo posesión de La Higuereta. En el emplazamiento francés de Villanueva de la Reina, que debía defender el paso del Guadalquivir, las tropas españolas tuvieron un primer triunfo contra las fuerzas de Dupont, que dejaron 200 muertos y los equipajes en esta acción. En la mañana del día 18, las dos divisiones españolas de Reding y Coupigny llegaron a Bailén y sus jefes reconocieron la posición. A posteriori dispusieron las tropas en tres líneas que cerraban la entrada en la ciudad por el camino de Andújar.

El ejército se dividió en dos alas –la derecha bajo la dirección de Reding y la izquierda bajo la de Coupigny- siendo compartido el mando, como lo da a entender el propio Reding diciendo que "el marqués no sólo de concierto conmigo en la dirección de los movimientos de este día contribuyó a su acierto y felicidad, sino que habiendo elegido los cuerpos de que queda hecha la mención, acudió con ellos a los puntos mas vivos de los tres ataques generales y con sus conocimientos y valeroso ejemplo nos proporcionó los expresados felices resultados."

La batalla de Bailén se dio el 19 de julio de 1808 y duró nueve horas, en medio de un calor sofocante, faltos de agua y sin reparos en todo el terreno. Los franceses llevaron cinco ataquesimpetuosos que fueron rechazados, sin abandonar los españoles su plan defensivo. En el tercero debió Coupigny salir de su puesto de observación para acudir, poniéndose a la cabeza de la reserva, en ayuda del extremo izquierdo cargado por una brigada francesa de dragones y coraceros.

Con un hábil cambio de frente ordenado a algunos batallones, el valeroso jefe español logró imponer la retirada de los briosos coraceros.

Cerca del mediodía, rechazado en todos sus embates, con sus hombres desmoralizados, con la impresión de la derrota y con desesperanza de no recibir a tiempo los refuerzos de Vedell, el mariscal Dupont pidió capitular. Su primer emisario llego hasta Coupigny, que se hallaba en el centro de la línea, quien lo envío a Reding, y éste a Castaños. El general Vedell, que asaz tardíamente llegó al campo de batalla cuando Dupont sólo esperaba, como una gracia, las condiciones de la capitulación, unió a la derrota el deshonor violando la fe del armisticio y atropellando a las tropas españolas que tenían orden de no hacer fuego.

Reconocida la rendición de su jefe, intentó fugarse con sus fuerzas, pero una división de Coupigny le cortó los pasos de la sierra y, a una orden de Dupont, volvió Vedell a la obediencia y quedó con todos los suyos igualmente prisionero.

En esta batalla intervinieron 30.600 infantes y 28.000 jinetes, del lado español, y 28 000 infantes y 5.700 jinetes, del francés. A pesar de que 20.000 franceses cayeron prisioneros y de que la derrota de Dupont fue innegable, el nombre de Bailén figura en el Arco de Triunfo de París como una victoria napoleónica. El parte de Coupigny, que Reding utilizó para escribir el que elevó a su vez a Castaños, recomienda por su comportamiento en la acción entre otros, a Don José de San Martín, capitán agregado de Borbón. En realidad, San Martín no formó ese día en las filas del Borbón sino le cupo desempeñar la difícil función de ayudante de campo del marqués de Coupigny El general Castaños recomendó una promoción de oficiales y San Martín obtuvo el ascenso a teniente coronel graduado el día 14 de agosto. El mismo marqués le envío a Sevilla, donde San Martín había caído enfermo, una certificación de servicios, sus expresiones de amistad y la condecoración que le fue conferida por la victoria: en el campo ovalado, de esmalte, dos sables en cruz unidos con una cinta de la cual pende un águila abatida; en el ángulo superior de la unión de los sables, una corona de laurel, suelta, y en derredor la leyenda "Bailén, 19 de julio de 1808".

La carrera militar de San Martín, en los próximos años, siguió de cerca a la de su valiente jefe. Acompañó a Coupigny en el Ejército de Cataluña, a donde llamó a su hermano Manuel Tadeo, que estaba sin destino y atrasado en sus promociones.

Si acaso se separó del marqués cuando éste pasó, en octubre de 1809, a la Junta Militar de Sevilla al lado de Castaños –lo que no parece- en enero del siguiente año volvería a reunírsele otra vez como ayudante de campo, para servir en el Ejército de la Izquierda al mando del marqués de La Romana. Estuvo probablemente en la defensa de Torres Vedras, participando en la indecisa acción de Río Maior, y en febrero de 1811 llegaban ambos, desde Lisboa, a Cádiz, último reducto de la resistencia francesa en Andalucía que, sitiada por el mariscal Víctor, no cedió ante la presión francesa que duró dos años.

Esta claro que la estadía de San Martín en Cádiz resultaría providencial para su futuro americano, encendiéndose en su espíritu una decisiva aspiración.


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