Argentina 200 años de Independencia

200 AÑOS DE INDEPENDENCIA

 

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DOCUMENTOS

036 | Historia de una epopeya - Por Luis Leoni

Historia del Regimiento

Quienes transitan por la avenida Luis María Campos, en pleno barrio de Belgrano, de la ciudad de Buenos Aires, pueden observar durante largo trecho de su camino, a través de una blanca cerca coronada de negros hierros, un hermoso jardín, umbrío y ascendente, en cuyo centro, en plena loma, se destaca un alto edificio de severos contornos.

En fechas patrias aquella señorial visión, plena de impresionante quietud, adquiere pronta vivencia al poblarse el aire de marciales notas mientras una larga fila de jinetes de azules tonos desciende despaciosamente, por ambos lados, para unirse como un solo torrente de sonido y color en la calzada.

Los viajeros presurosos, ajenos al latir del lugar, que son sorprendidos por tan llamativo como emocionante espectáculo, viven de inmediato el recuerdo de los tiempos heroicos de la patria vieja simbolizados en aquellas figuras de granaderos vistas desde niños en los desfiles y aprendidas sus hazañas en los libros de la historia de la nacionalidad.

Apenas transpuesta la entrada a medida de ir avanzando entre una larga fila de añosas tipas y subir por espaciosa escalera, bordeada de un muro pequeño, cubierto de gentil enredadera, un hálito distinto va embargando el corazón llevándolo a remontarse a las lejanas y bravías épocas en que nacía la patria, al mismo tiempo que casi toda América latina iniciaba el camino de la lucha por su emancipación.

La mente rememora los años difíciles de las viejas colonias de España en el nuevo mundo, empeñadas en romper definitivamente los artificiosos lazos políticos existentes por la fuerza con la monarquía borbónica para surgir, dentro de la comunidad internacional, como Estados soberanos plenos de derecho e iniciar la honrosa misión de materializarse como naciones en la amplitud del concepto.

Años terribles de lucha, sin dar ni pedir cuartel al adversario, desarrollada en la más impresionante de las pobrezas, sin recursos, ni erario público, ni organización, ni nada material, con la sola excepción de un espíritu y una voluntad de ser libres e independientes de todo poder extranjero de la tierra.

Aquella imponente mansión es el cuartel del famoso Regimiento de Granaderos a Caballo, del que Mitre expresara: "Concurrió a todas las grandes batallas de la Independencia, dio a la América diecinueve generales, más de doscientos jefes y oficiales en el transcurso de la revolución, y después de derramar su sangre y sembrar sus huesos desde el Plata hasta el Pichincha, regresó en esqueleto a sus hogares, trayendo su viejo estandarte bajo el mando de uno de sus últimos soldados ascendido a coronel en el espacio de trece años de campaña.

Trece años tremendos de sacrificios en el espacio y en el tiempo signan toda la épica trayectoria del Regimiento Granaderos a Caballo, bautizado con dicho nombre por el propio San Martín; Granaderos de Los Andes, llamados después durante la campaña o, también, Granaderos a Caballo de Buenos Aires, denominados así en algunas oportunidades para distinguirlos por su lugar de origen y cuyas páginas, escritas a fuerza de coraje e indeclinable valor, resumen la epopeya de la gran patria americana.


Creación del Cuerpo

La historia del Regimiento comienza juntamente con la aparición de San Martín en el escenario americano, apenas dos años después del grito de rebeldía de mayo de 1810. Con fecha 16 de marzo el gobierno superior provisional de las Provincias Unidas del Río de la Plata, con las firmas de Chiclana, Sarratea y Rivadavia, expide el nombramiento efectivo de José de San Martín como Teniente Coronel de caballería y Comandante del Escuadrón de Granaderos que ha de organizarse, el que sería a lo largo de la tenaz lucha emprendida contra el poder real, el alma y el cuerpo vertebral del éxito del pronunciamiento revolucionario.

La razón de la formación del Escuadrón de Granaderos a Caballo en aquel año y oportunidad no constituye una cuestión de mera rutina en el planeamiento de la estructuración de la fuerza armada que necesitaba el país.

Si bien las evidentes necesidades políticas del desarrollo del proceso revolucionario imponían la creación de mayores contingentes de tropas, dada la amplitud y existencia de varios teatros de operaciones, donde se luchaba encarnizadamente con los realistas la organización del escuadrón de granaderos tiene un significado especial y particular.

Para la concreción del mismo, San Martín había expuesto detalladamente ante el gobierno la necesidad de formar un cuerpo modelo, donde privara la calidad humana de sus integrantes sobre la cantidad, de tal manera que dotándolo de un espíritu, fuera el núcleo de un ejército disciplinado y moderno, capaz de combatir con todas las probabilidades de éxito contra las veteranas fuerzas del rey.

Además, la aguda percepción político- militar sobre su patria, de su territorio, de sus posibilidades, de la idiosincrasia y aptitudes de sus habitantes, como de la extensión de sus líneas de operaciones le señalaban, sin ninguna duda, la materialización de esa idea en un cuerpo de caballería, que ya en los campos de batalla de Europa había demostrado todo su valor y potencialidad.

Conviene acotar, como muy bien lo señala el Teniente Coronel Anschutz, en su "Historia del Regimiento Granaderos a Caballo", la razón por la cual aparecía la creación de una unidad orgánica, sin las formalidades de un decreto o resolución específica.

En los albores de nuestra nacionalidad - expresa- era una modalidad de parte de los hombres de gobierno, cuando las necesidades de Estado o de guerra exigían la creación u organización de varias unidades, buscar en principio a los jefes que las iban a comandar, extendiéndoles el despacho de tal en la unidad que a partir de esa fecha se iba a formar. Cada jefe proponía en una lista sus colaboradores inmediatos y aún los oficiales que conocían, o se los habían recomendado.

Formaron en el núcleo inicial de aquel escuadrón, que sirviera de base para la integración del regimiento, el cual puede darse por constituido como tal en mayo de 1812, los siguientes jefes y oficiales:

En la plana mayor como Comandante el Teniente Coronel don José de San Martín; el Sargento Mayor don Carlos María de Alvear; el Ayudante Mayor don Francisco Luzuriaga y el Portaguión don Manuel Hidalgo.

El escuadrón, dividido en dos compañías, estaba integrado así:

En la primera el Capitán don José Zapiola, el Teniente don Justo Bermúdez y el Alférez don Hipólito Bouchard. En la segunda el Capitán don Pedro Vergara, el Teniente don Agenor Murillo y el Alférez don Mariano Necochea.

Como puede apreciarse, ya figuraban nombres que después, con el correr del tiempo, se harían ilustres en la historia de la patria. En total, el número de efectivos del escuadrón era de dos jefes, ocho oficiales, nueve sargentos, un trompeta, tres cabos y treinta y un granaderos.


Selección del personal

La política de selección del personal, extremadamente rigurosa en los cuadros, se extendió también al de los reclutas, consignándose, por ejemplo, en la nota remitida al señor Doblas, con fecha 18 de agosto de 1812, que se trasladase...

... a Misiones con el objeto de extraer trescientos jóvenes naturales de talla y robustez, con destino al Regimiento de Granaderos a Caballo al mando del teniente coronel don José de San Martín, oriundo de aquel territorio...

...cuya intención revelaba desde un principio el valor que se asignaba a la relación del terruño con el jefe para acrecentar el espíritu del cuerpo.

Aquella orden no pudo cumplirse por varias circunstancias, recurriéndose a la incorporación de reclutas de diversas provincias con un criterio de selección sumamente exigente, que tan buenos resultados daría luego en la práctica.

La larga experiencia en la carrera de las armas había convencido a San Martín del valor imponderable del ejemplo, como base para cimentar la educación e instrucción de la tropa. El general Espejo, testigo presencial, detalla todo este severo aprendizaje:

"Bajo este sistema, sostenido con perseverancia y hasta con vigorismo dice en sus Memorias sobre el Paso de los Andes- se verificó la enseñanza de todos y cada uno de los soldados de ese cuerpo, debiendo añadir que no era una enseñanza de mera forma ni que el jefe u oficiales tolerasen algunas pequeñas faltas de ejecución, no señor. No se pasaba de una lección a otra mientras no se viera perfecta y bien ejecutada la anterior. Que las lecciones enseñaban, y si causa se observa sin excusa ni pretexto de ningún género, hasta que todas y cada una de las posiciones y movimientos de táctica se arraigaban como hábito en los hombres.

"Así es que los soldados educados en la escuela de San Martín eran entonces y han sido después un modelo digno de ser imitados, por su gallarda apostura, sus airosos movimientos y su arrogante despejo, tanto en las funciones militares cuanto en las civiles y sociales. "Y qué diremos acerca del aseo personal y la uniformidad del traje? Sería fatigar la paciencia del lector explicar las minuciosidades de este ramo; pero para no dejarlo en obscuridad, baste decir, que era tan sostenido y escrupuloso su cuidado como lo había sido el de la instrucción. No se toleraba una manchita en el uniforme, ni un botón no bien limpio."

Exigente al extremo consigo mismo el Jefe del Regimiento de Granaderos estableció un código de honor al cual debían ajustar su conducta todos los oficiales, sin excepción y sin miramientos, con el objeto de preservar, juntamente con la disciplina, armazón de toda organización militar, el honor que es el alma de todo soldado y de todo cuerpo.

Es de mucho interés transcribir la lista de los "delitos por los cuales deben ser arrojados los oficiales" por cuanto proyecta, con caracteres firmes y definidos, la razón de ser de aquella conducta ejemplar que caracterizó siempre a sus cuadros, en toda la Guerra de la Independencia, por la vasta amplitud americana. Se reputaban delitos:


1º Por cobardía en acción de guerra, en la que aún agachar la cabeza será reputado tal.

2º Por no admitir un desafío, sea justo o injusto.

3º Por no exigir satisfacción cuando se halle insultado.

4º Por no defender a todo trance el honor del cuerpo cuando lo ultrajen a su presencia o sepa ha sido ultrajado en otra parte.

5º Por trampas infames como de artesanos.

6º Por falta de integridad en el manejo de intereses, como no pagar a la tropa el dinero que se haya suministrado para ella.

7º Por hablar mal de otro compañero con personas u oficiales de otros cuerpos.

8º Por publicar las disposiciones internas de la oficialidad en sus juntas secretas.

9º Por familiarizarse en grado vergonzoso con los sargentos, cabos y soldados.

10º Por poner la mano a cualquier mujer aunque haya sido insultado por ella.

11º Por no socorrer en acción de guerra a un compañero suyo que se halle en peligro, pudiendo verificarlo.

12º Por presentarse en público con mujeres conocidamente prostituidas.

13º Por concurrir a casas de juego que no sean pertenecientes a la clase de oficiales, es decir, jugar con personas bajas e indecentes.

14º Por hacer un uso inmoderado de la bebida en términos de hacerse notable con perjuicio del honor del cuerpo.


Todos estos aspectos rápidamente señalados, por otra parte muy poco conocidos o relatados muchas veces como parcial anecdotario en los grados primarios, son, sin embargo, la razón del éxito del Regimiento de Granaderos en su memorable campaña.

El culto exagerado del valor y del honor, la exigencia imposible en la instrucción, la persistencia constante en el duro aprendizaje físico, la férrea disciplina, el orgullo ilimitado de ser granadero, la altivez en la mirada, en el gesto o en el hablar, fueron el basamento que cimentaba a aquellos hombres, educados nada menos que en una misión, sin otra alternativa que la victoria o la muerte.


Organización del Regimiento

Las enormes dificultades originadas por los problemas derivados de las acciones de guerra empeñadas contra los realistas como la rigurosa selección del personal, impuesta por el propio San Martín, fueron obstáculos que impidieron en un principio la pronta organización del cuerpo.

Con fecha 11 de setiembre de 1812 se crea, por decreto, el segundo escuadrón, y el 5 de diciembre de ese mismo año, con las firmas de Rodríguez Peña, Alvarez Jonte y de Tomás Guido como secretario interino de Guerra, se dispone la formación del tercer escuadrón.

Hasta ese momento las comunicaciones dirigidas por el gobierno al Teniente Coronel San Martín son en calidad de «Comandante de Granaderos a Caballo», figurando incluso esa misma denominación en las listas de revistas efectuadas.

En la misma forma como se había procedido al crear el Cuerpo, es recién con el decreto ascendiendo a Coronel a San Martín, con fecha 7 de diciembre de 1812, que se usa por primera vez el nombre de Regimiento.

Expresa el mismo, en su parte resolutiva: "Atendiendo a los méritos del Comandante don José de San Martín ha venido a conferirle el empleo de Coronel del Regimiento de Granaderos a Caballo, concediéndole las gracias, exenciones y prerrogativas que por este título le corresponden."

Como lo señala el Teniente Coronel Anschutz en su estudio sobre la ubicación inicial del regimiento al no encontrarse decretos u órdenes para el alojamiento inmediato del primer escuadrón de Granaderos a Caballo, se supone que al darse la orden de su organización se haya indicado verbalmente al Teniente Coronel San Martín, que momentáneamente ocupara el cuartel de la Ranchería (Perú y Alsina).

Posteriormente, con fecha 5 de mayo de 1812, con la firma de Miguel de Azcuénaga, se ordena que... "... queda puesto a disposición del Comandante del nuevo escuadrón de Granaderos a Caballo, el cuartel que ocupa en el Retiro el Regimiento de Dragones de la Patria; y lo aviso a V.S. en contestación a su oficio de ayer en que me comunica haberlo ordenado así el Superior Gobierno."

Esta zona era conocida desde la época de las invasiones inglesas como Cuartel del Retiro, siendo su ubicación aproximadamente la zona que bordea la actual plaza San Martín (Arenales y Maipú).

Frente al mismo Regimiento, ante la curiosa mirada de los habitantes de la zona del Retiro, se realizaban diariamente las prácticas en el llamado "Campo de la Gloria" denominado luego de la Revolución de Mayo, como "Campo de Marte."


San Lorenzo, el Bautismo

No había transcurrido un año desde su creación cuando el 3 de febrero de 1813 tocaría al regimiento recibir su bautismo de fuego allá en San Lorenzo, a orillas mismas del Paraná.

Aquella madrugada ciento veinte hombres, divididos en dos divisiones de sesenta granaderos cada una, al mando del propio San Martín y del Capitán Bermúdez se lanzan con furia incontenible sobre doscientos cincuenta realistas que avanzaban, al mando del Capitán Antonio de Zabala desde el puerto de San Lorenzo en dirección al convento de San Carlos, en una de sus habituales recorridas requisando víveres y elementos de los pueblos del litoral argentino.

El choque fue tremendo, y pese a que los godos alcanzaran a formar en martillo para contener la embestida, los sables y las lanzas de los granaderos pronto los sumieron en el desastre, materializado en 40 muertos, 14 prisioneros, 12 de ellos heridos, dos cañones, 40 fusiles y una bandera arrancada al portaestandarte enemigo con riesgo de su vida por el Alférez Hipólito Bouchard, el mismo que después, al mando de la fragata "La Argentina", dejara en todos los mares del mundo la estela imborrable de hazañas increíbles.

Allí mueren, junto al granadero de origen francés Domingo Perteau, el oriental Amador, el chileno Alzogaray y los argentinos Luna, Bustos, Sylvas, Saavedra, Bargas, Márquez, Díaz, Gurel, Galves, Gregorio y Cabral, catorce en total, en cuyo recuerdo las calles internas del cuartel de Palermo llevan sus venerados nombres.

Días más tarde fallece también, a resultas de las heridas recibidas, el Capitán Justo Germán Bermúdez, el primer jefe de escuadrón del regimiento muerto en combate. La acción, breve en tiempo, dada la pujanza de la carga de los granaderos, tiene hondo contenido emocional. En aquel combate la valentía de dos hombres salvan la vida del jefe del alcance de las bayonetas españolas cuando queda aprisionado en el sueldo por la muerte de su caballo.

Uno es el granadero Juan Bautista Baigorria, puntano de origen, el "postergado", como lo llaman en su tierra, tal vez con razón, pues poco o nada se sabe de este valiente que salva la vida de su Coronel matando al godo que pretendía ultimarlo aprovechando la difícil situación. El otro es el granadero Juan Bautista Cabral, oriundo de Corrientes, que no vacila en echar pie a tierra en medio de aquel entrevero de sables, bayonetas, sangre y polvo, consiguiendo zafar del caballo al Coronel San Martín, recibiendo dos mortales heridas a raíz de las cuales deja de existir poco tiempo después mientras repite en su agonía: "muero contento... hemos batido al enemigo."

A raíz de este hecho, por un decreto del superior gobierno, se ordena:

Fíjese en el cuartel de granaderos un monumento que perpetúe recomendablemente la existencia del bravo granadero Juan Bautista Cabral en la memoria de sus camaradas."

En ese monumento, ubicado en el interior del cuartel, en el lugar centro de las formaciones del Regimiento, se cumple religiosamente la antigua tradición que viene desde aquel entonces.

El sargento más antiguo del cuerpo, ubicado solo, al frente de dicho monumento en la formación, al llamado de: "Sargento Juan Bautista Cabral", pronunciado por el Coronel Jefe del Regimiento, se adelanta marcialmente tres pasos, respondiendo con voz tonante:

Murió por la patria pero vive en nuestros corazones. ¡Viva la Patria, granaderos!..., mientras responden "¡Viva!", al unísono, todos los granaderos.

Cabe señalar también otro hecho de honda significación espiritual. En el canje de los prisioneros efectuado con los realistas vienen tres lancheros paraguayos, dos de los cuales resuelven incorporarse al regimiento.

Uno de ellos, llamado José Félix Bogado, acompañaría desde entonces al regimiento en toda su campaña, correspondiéndole el honor de venir al mando de aquellos valientes en su regreso a la patria en 1826, ostentando el grado de Coronel, luego de haber conquistado uno por uno todos esos ascensos en el campo de batalla.

Anualmente, durante la celebración del día del Ejército, todos los 29 de mayo, en la ceremonia de destreza que se realiza en el Campo Hípico Militar, ciento veinte granaderos con sus uniformes de parada, en dos filas, la primera armada con lanzas y la segunda con sables, con sus jefes a la cabeza, rememoran en un galope de carga ante el pueblo de Buenos Aires la acción de San Lorenzo, como un justo homenaje a los valientes de entonces.


La Banda Oriental y el Alto Perú como escenarios de lucha

Después de San Lorenzo, a los efectos de que se...

"...active y haga ejecutar el plan de operaciones que sea necesario para la defensa de la Capital, en cualquier evento de ataque o incursión..." ...se nombra al Coronel don José de San Martín, con fecha 4 de junio de 1813, Comandante de las fuerzas de la Capital.

A partir de ese entonces el regimiento, al par de cumplir con su planeamiento de instrucción destina varios destacamentos sobre el Litoral a los efectos de proteger las poblaciones ribereñas de las incursiones realistas.

Pronto habrían de abrirse otros horizontes de lucha para el Regimiento.

La difícil situación en el Norte, agravada por las sucesivas derrotas de Vilcapugio y de Ayohuma, las cuales ponen en peligro toda la frontera de la patria, mueven al gobierno a nombrar, con fecha 3 de diciembre de 1813, al Coronel San Martín como Jefe de la expedición auxiliadora al ejército de Belgrano, que venía retirándose en dirección a Tucumán.

Integraron esta división, además del primer batallón del 7 de Infantería y de un piquete de 100 artilleros, el 1º y 2º escuadrón del Regimiento de Granaderos a Caballo, los que llegan a Tucumán el 12 de enero de 1814.

Desde esa fecha hasta el 10 de septiembre de 1816, en que se mueven en dirección a Mendoza, por el camino que atraviesa La Rioja, luchan en las lomas de San Lorenzo con las tropas de la vanguardia; en guerrillas en Humahuaca, Yaví, Casavindo, Toldos, Bermejo, etcétera, en el combate de Barrios; en la sorpresa del Tejar, en Puesto del Marqués, en Mochara y en la derrota de Sipe- Sipe, donde el regimiento, al mando del Teniente Coronel Juan Ramón Rojas, salvó con su arrojo y valor el honor de la triste jornada. Mientras el 1 y 2º escuadrón combatían en el Alto Perú, el resto del regimiento, al que ya se le había agregado el 4º escuadrón, a órdenes del Teniente Coronel José Matías Zapiola queda en tareas de reorganización instrucción en la Capital.

Prontamente, sin embargo, habrían de embarcarse rumbo a la Banda Oriental a reforzar el ejército de Oriente.

El 22 de junio de 1814 el 3º y 4º escuadrón de los granaderos entraban en la Plaza Fuerte de Montevideo a la cabeza de la columna vencedora.

Lo importante de esta campaña, como anota Félix Best, es que..."ningún otro suceso podía valer tanto para la seguridad de la independencia como la rendición de Montevideo, que era como cerrar para siempre a España las aguas del Río de la Plata, única vía por donde podría alcanzar a tocar Buenos Aires, centro y corazón de la causa de la independencia en toda América del Sur.

"Salvada la capital, sobre cuya energía reposaba la independencia de Chile y Perú, todo podía venir mal, que ya encontrarían los invasores, ejércitos y pueblos que los obligarían a retroceder. La rendición de Montevideo salvó a la capital de las provincias argentinas y a la América del Sur."


La gran hazaña

A mediados de agosto llegan a Mendoza el 3º y 4º escuadrón que habían intervenido en la campaña de la Banda Oriental.

Llegaban a los bordes mismos de la cordillera, donde durante un año se prepararían para vencer, no solamente al adversario realista, sino a aquella mole gigantesca que aparecería imperturbable e imposible ante la audacia increíble de aquellos hombres.

Mitre ha definido con palabras precisas todo ese planeamiento realizadopor San Martín para preparar la epopeya. "La organización del Ejército de los Andes - dice- es uno de los hechos más extraordinarios de la historia militar. Máquina de guerra armada pieza por pieza, todas sus partes componentes respondían a un fin, y su conjunto a un resultado eficiente de antemano calculado. Arma de combate forjada por el uso diario se dobla elásticamente, pero no se quiebra jamás."

El 5 de noviembre de 1815 llegaba a Mendoza el resto del regimiento, integrado por los escuadrones 1º y 2º, de brillante y recordada trayectoria en el Alto Perú. En el ínterin se le había ordenado a San Martín la formación de un 5 escuadrón, a los efectos de dar mayor potencialidad al regimiento, al cual ya se reconocía como una tropa especial, de calidad excepcional y espíritu de cuerpo tan firme, capaz de cualquier hazaña.

Al terminar el año 1816 el Regimiento de Granaderos se halla en perfectas aptitudes de comenzar la empresa.

Tonificados por la dura instrucción, persuadidos de su propio valor, sólo esperan la orden de atravesar aquellas montañas inmensas, sabiendo que luchaban por la libertad de otros pueblos hermanos y sin saber si volverían o quedarían sus huesos jalonando los caminos de marcha.

El día 5 de enero de 1817, ante el pueblo entero de Mendoza, los soldados del Ejército de los Andes juran a la Virgen Generala y a la Bandera de los Andes, simbolizando con aquel solemne acto el espíritu de la epopeya que iniciaban, conciliando la fe de un pueblo con el pabellón de una empresa que amparaba, bajo los pliegues generosos, el sentimiento fraterno de libertad que inspiraba a los soldados argentinos.

En aquel solemne acto el General San Martín, después de colocar el bastón de mando de general a la Virgen del Carmen de Cuyo, se dirige a la tropa exclamando:

"Soldados, ésta es la primera bandera independiente que se bendice en América."

El 17 de enero daba comienzo la gran hazaña. El Regimiento forma parte de aquel glorioso Ejército de los Andes, bajo las órdenes del Coronel Zapiola, integrado por 4 jefes, 55 oficiales y 742 hombres de tropa.

Conforme al plan preparado por San Martín el grueso del Ejército de los Andes cruzaría por el paso de los Patos.

El 3º y 4 escuadrón del regimiento, juntamente con otros efectivos, formaban parte de la vanguardia a órdenes del Brigadier Miguel Soler, que se pone en movimiento a partir del 19 de enero, mientras que el resto del regimiento, a órdenes del Coronel Zapiola, lo haría con el grueso de la columna a partir del 23 de enero.

No habían terminado de desembocar al otro lado de la cordillera cuando ya los nombres de Achupallas y Las Coimas ingresaban al historial de glorias del regimiento.

La vieja preocupación del general San Martín sobre el pasaje de los Andes, elocuentemente manifestada en aquella carta que meses antes le había escrito a Guido:

"Lo que no me deja dormir es, no la oposición que puedan hacerme los enemigos, sino el atravesar estos inmensos montes...", quedaba superada al vencer con todo éxito las columnas del ejército patriota los difíciles caminos cordilleranos.

La primera parte de la hazaña estaba cumplida. Habían vencido a los elementos naturales: piedras, frío, alturas, distancias, rigurosidades, señalando un hito en la historia mundial de los grandes hechos. Adelante quedaba un ejército de bravos, intacto en sus fuerzas, pronto a defender lo que creía sus derechos con la bizarría que caracterizaba al hispano. Les cabría a los sables, lanzas y terceronas de aquellos bravos escribir la página heroica de la libertad de Chile.


Por la libertad en tierras de Chile

El 12 de febrero de 1817, hace 150 años, Chacabuco marca el primer jalón del largo camino de heroicidades que cumplirían los granaderos en tierra americana.

La sencillez del parte de la victoria de San Martín resume toda la valentía e importancia de los granaderos en la batalla:" El Coronel Zapiola -expresa- al frente de los escuadrones 1º, 2 y 3 , con sus comandantes Melián y Medina rompe su derecha; todo fue un esfuerzo instantáneo."

Y más adelante, agrega:

"Entre tanto los escuadrones mandados por sus intrépidos comandantes y oficiales cargaban del modo más bravo y distinguido, toda la infantería quedó rota y deshecha, la carnicería fue terrible y la victoria completa y decisiva."

Persiguen al enemigo y al frente de las tropas entran en Santiago de Chile. Pero el realista no estaba vencido del todo y con encomiable espíritu sigue la lucha. Comienza luego la campaña del Sur de Chile, donde interviene primeramente el 3er. escuadrón, al mando de Melián y Medina y, posteriormente con el 4 escuadrón, a órdenes de Freyre, escriben nuevas páginas de honor.

Así en Curapaligüe, Gavilán, El Manzano, Talcahuano y otros combates de menor monta, los bravos granaderos hacen sentir al realista el filo de sus corvos, sin que por las características de la zona de operaciones y las fuerzas en presencia se pueda librar la batalla decisiva que consolide la libertad de Chile.

La situación a principios del año 1818 no era, por cierto, nada halagüeña para los efectivos patriotas. El ejército, fraccionado en dos grandes núcleos, uno en el Sur, a las órdenes de O'Higgins y el otro en Las Tablas, bajo el mando directo de San Martín, podía ser derrotado por partes, apenas el ejército español contase con efectivos mayores.

El desembarco de importantes tropas realistas al mando de Osorio en Talcahuano determinó al fin a San Martín a buscar la reunión de sus fuerzas y derrotar en batalla decisiva a los españoles.

Los movimientos de ambos ejércitos conducen a los llanos de Maipú, con el antecedente inmediato de la sorpresa de Cancha Rayada, el 19 de marzo, que deja en difícil situación al ejército de San Martín.

Sin embargo, el genio del organizador y del estratego salva -caso único en la historia militar- la desventaja de la derrota anterior conquistando en Maipú, el 12 de abril de 1818, la definitiva libertad del Estado chileno.

En aquella batalla nuevamente los granaderos cargan una y otra vez derrotando completamente a la caballería enemiga a la que persiguen destrozándola totalmente.

Nada queda de aquel ejército de bravos que derrotaron a las tropas napoleónicas, en situación de resistir el embate de los patriotas. La batalla está ganada y el bravo Brigadier chileno O'Higgins llega, todavía sangrante de su herida de Cancha Rayada, para abrazar a San Martín, mientras exclama: "Gloria al salvador de Chile".

Les tocaría a los Granaderos a Caballo consolidar el notable triunfo de Maipú que la valentía hispana se negaba a reconocer como definitivo, esperanzada en la acción de insurgentes en el sur de Chile y los refuerzos que podrían venir por mar desde el Perú.

A la persecución de los realistas, luego del triunfo del 5 de abril, deben agregar la misión de iniciar una campaña de limpieza de los restos del enemigo que apresuradamente se reorganizan en el sur del territorio. Así cobran nuevamente valor los nombres de Parral, Quirihue, Chillán, Arauco, Bio-Bio, Santa Fe, San Carlos y otros combates menores pero de enorme gloria para los granaderos a caballo. Los nombres de Zapiola, su jefe, O'Brien, Caxaraville, Brandsen, Viel, Escalada, Ramallo, Pacheco y muchos otros, son nombrados con asiduidad en los partes de guerra. Los sufrimientos padecidos por el regimiento en ese año de 1818 son indescriptibles. No solamente debieron luchar con un enemigo de carne y hueso, sino contra la naturaleza difícil de ese teatro de operaciones.

El parte que el 18 de setiembre de 1818 eleva San Martín es elocuente pues el Libertador no era de los jefes que acostumbraban quejarse o dejarse dominar por sentimientos o incomodidades del servicio. "El Regimiento de Granaderos a Caballo que en todo el invierno se ha mantenido sobre el sur del Maule, en observación del enemigo, se encuentra enteramente desnudo...", sin que esa terrible situación pueda afectar el honroso cumplimiento del deber.

Entre tanto, las noticias provenientes de la Península no eran nada halagüeñas, ante la perspectiva del envío de una colosal expedición destinada a aplastar definitivamente la revolución sudamericana.

En el orden interno tampoco las cosas marchaban bien para el gobierno nacional que, ante el cúmulo de hechos, resuelve el regreso de los efectivos del Ejército de los Andes al propio territorio para reforzar su posición ante la anarquía reinante en el país.

Esta resolución llena de intranquilidad y consternación a argentinos y chilenos que veían, con esta nueva variante, alejarse las posibilidades de la expedición al Perú, peligrar todo el sur chileno aún convulsionado y terminar enfrascándose los efectivos del ejército en una estéril lucha de facciones.

A pesar del retardo e inconvenientes puestos por San Martín debe cumplimentarse el repaso de la cordillera por determinados efectivos y entre los cuales se contaba el Regimiento de Granaderos a Caballo. Acantonado en Curimón inicia la marcha de regreso con el 1º, 2º y 3er. escuadrón, el 27 de abril de 1819, mientras el 4 escuadrón quedaba en Chile para escribir nuevas hazañas al brillante historial del regimiento.

Después de diversas vicisitudes, el regimiento establece su campamento en las chacras de Osorio, situado a dos leguas de la ciudad de San Luis.

Allí permaneció desde principios de junio de 1819 organizándose e instruyéndose hasta días después de la sublevación de Arequito, el 8 de enero de 1820, en que se resuelve su marcha a Mendoza. La reunión de los efectivos de la división finaliza el 25 de febrero, poniéndose inmediatamente en marcha para repasar, otra vez, la cordillera de los Andes. El 12 de marzo llegaba el regimiento a la hacienda de Valenzuela, distante una legua de Rancagua, donde se alojó hasta la primera quincena de marzo. Es trasladado posteriormente a Quillota, donde queda hasta el 13 de agosto, dirigiéndose luego a Valparaíso, donde habría de embarcarse con destino al Perú.


Por la libertad en tierras de Perú y Colombia

Con la independencia de Chile se había cumplido con singular éxito la primera etapa del plan sanmartiniano. Si difícil había sido el cruce de la mole imponente de los Andes y la derrota del realista, allende la cordillera, no iba a ser menos ardua la ejecutoria de la campaña en tierras del Perú. Era necesario vencer primero la bravura del océano Pacífico y la escuadra realista para recién empezar a moverse en una zona de disímiles características y donde el español contaba con importantes y veteranas tropas de combate. Atrás, la patria empezaba a desangrarse a causa de las disensiones internas, mientras la anarquía devoraba esfuerzos que debían estar sólo al servicio de la libertad de América.

La indeclinable voluntad e inteligente percepción del Gran Capitán iba a salvar con su decisión el destino del nuevo mundo.

La expedición libertadora al Perú, fuerte en 4.430 hombres, se hacía a la mar el 20 de agosto de 1820, en 8 buques de guerra, 16 transportes y 11 lanchas cañoneras. Ç Formando parte de la división de los Andes iba el Regimiento de Granaderos a Caballo al mando del Coronel don Rudesindo Alvarado con un efectivo de 1 coronel; 2 tenientes coroneles; 1 sargento mayor; 3 ayudantes; 2 abanderados; 6 capitanes; 11 tenientes primeros; 4 subtenientes; 20 sargentos primeros; 12 trompetas; 29 cabos primeros y 330 soldados, siendo en total 391 hombres.

Desembarcados en la bahía de Paracas, a partir del 8 de setiembre, los efectivos de granaderos toman inmediata posesión de los dos pueblos de Alto y Bajo Chincha. Conforme al plan de operaciones dispuesto por el Libertador, el Coronel Mayor Alvarez de Arenales inicia, con efectivos aproximados a los 1.200 hombres, la Primera Campaña de la Sierra por Huancavélica a Jauja, a partir de los primeros días de octubre de 1820. Participa en ella una compañía de 50 granaderos, al mando del Capitán Juan Lavalle, la cual se bate con increíble denuedo en las acciones de Nazca, Jauja y Paseo, terminando con las fuerzas realistas del Brigadier O'Reilly, después de cubrir 203 leguas por zonas y caminos desérticos.

Mientras tanto, San Martín se hace nuevamente al mar con su ejército, desembarcando en el puerto de Guacho (unos 150 kilómetros al norte del Callao) para dirigirse al interior del país con la intención de tomar contacto con la división de Arenales, luego de haber cortado las comunicaciones de los españoles en el Norte.

A fines de noviembre el Regimiento de Granaderos al mando de Alvarado inicia la marcha hacia el Sur. Una partida de 18 granaderos al mando del Teniente don Pascual Pringles es adelantada hacia Chancay a efectos de tomar contacto con el Batallón Numancia, del cual se había recibido informes que se pasaría a las filas patriotas en razón de estar integrado en su mayor parte por americanos.

Sorprendido Pringles por tres escuadrones que le cierran los caminos, luego de cargarlos infructuosamente, hecho en que tiene tres muertos y once heridos, antes de caer prisionero resuelve arrojarse al mar seguido por cuatro granaderos.

El general Mansilla, en emotivas palabras, capta aquel tremendo momento en que el joven Teniente no vacila en dar su vida ante la vergüenza de ser copado. "No les importa a Pringles ni a sus fieles compañeros -dice- la derrota sufrida; tienen la conciencia de que han combatido con una osadía homérica". Es la idea de caer prisioneros lo que se les presenta como un baldón eterno. Pero no quieren concederle al enemigo ni la satisfacción de tomarlos, ni el orgullo de matarlos. ¿Qué hacer, pues? Arrojarse con sus cuatro granaderos a las profundidades del mar. Así lo hicieron sin vacilar un punto siquiera cuando el instante solemne llegó. Las olas recibieron a los cinco granaderos montados en sus incansables corceles.

La providencia los salvó, y los españoles, a fuerza de gentiles, mandaron acuñar cinco medallas que más tarde enviaron a Pringles. Leíase en ellas esta inscripción:

La patria a los vencidos, vencedores de Pescadores.

Entre tanto, el ejército colombiano al mando de Sucre en Guayaquil, pide refuerzos a San Martín para poder resistir con éxito la acción de las tropas españolas. El Libertador, cuya única mira es la independencia total de los nuevos Estados americanos, ordena la concurrencia de una división al mando del Coronel Andrés de Santa Cruz en la que forma un escuadrón de granaderos a caballo al mando del Sargento Mayor don Juan Lavalle. El 21 de abril de 1821 noventa y seis granaderos escriben una de las páginas más heroicas en la historia de la caballería.

La llaneza del parte elevado por Lavalle es demostración elocuente del temple moral y de la fibra humana de aquellos héroes. Dice, en su parte principal, lo siguiente:


Río Bamba, Abril 25 de 1822

"Excmo. Sr. el día 21 del presente se acercaron a esta villa las divisiones del Perú y Colombia y ofrecieron al enemigo una batalla decisiva. El primer escuadrón del Regimiento de Granaderos a Caballo de mi mando marchaba a la vanguardia descubriendo el campo y observando que los enemigos se retiraban, atravesé la villa y a la espalda de una altura, en una llanura me vi repentinamente al frente de tres escuadrones de caballería fuerte de ciento veinte hombres cada uno, que sostenían la retirada de su infantería; una retirada hubiera ocasionado la pérdida del escuadrón y su deshonra y era el momento de probar en Colombia su coraje, mandé formar en batalla, poner sable en mano, y los cargamos con firmeza.

"El escuadrón que formaba noventa y seis hombres parecía un pelotón respecto de cuatrocientos hombres que tenían los enemigos; ellos esperaban hasta la distancia de quince pasos poco más o menos cargando también, pero cuando oyeron la voz de degüello y vieron morir a cuchilladas tres o cuatro de sus más valientes, volvieron caras y huyeron en desorden, la superioridad de sus caballos los sacó por entonces del peligro con pérdida solamente de doce muertos, y fueron a reunirse al pie de sus masas de infantería.

"El escuadrón llegó hasta tiro y medio de fusil de ellos y, temiendo un ataque de las dos armas, lo mandé hacer alto, formarlo y volver caras por pelotones; la retirada se hacía al tranco del caballo cuando el general Tobra puesto a la cabeza de sus tres escuadrones los puso a la carga sobre el mío. El coraje brillaba en los semblantes de los bravos granaderos y era preciso ser insensible a la gloria para no haber dado una segunda carga. "En efecto, cuando los cuatrocientos godos habían llegado a cien pasos de nosotros, mandé volver caras por pelotones, y los cargamos por segunda vez: en este nuevo encuentro se sostuvieron con alguna más firmeza que en el primero, y no volvieron caras hasta que vieron morir dos capitanes que los animaban. En fin, los godos huyeron de nuevo arrojando al suelo sus lanzas y carabinas y dejando muertos en el campo cuatro oficiales y cuarenta y cinco individuos de tropa. Nosotros nos paseamos por encima de sus muertos a dos tiros de fusil de sus masas de infantería hasta que fue de noche y la caballería que sostenía antes la retirada de su infantería fue sostenida después por ella."

Consecuencia de ello el gobierno del Perú, en honor de estos valientes decretó que todos los jefes, oficiales y soldados del primer escuadrón del Regimiento Granaderos a Caballo de los Andes, que tuvieron parte en la gloriosa jornada del 21 de abril pasado en Río Bamba llevarán en el brazo izquierdo un escudo celeste entre dos palmas bordadas, con esta inscripción en el centro: "El Perú al Heroico Valor en Río Bamba".

Este escudo y el nombre de Río Bamba lo lleva actualmente el primer escuadrón del Regimiento. Así mismo, por decreto del Poder Ejecutivo Nacional Nº 1782, del 20 de febrero de 1962, se impuso a los restantes escuadrones del regimiento las siguientes denominaciones que ya venían usando conforme a la tradición, conquistadas en los campos de batalla. Así, se denomina Junín al 2º escuadrón, San Lorenzo al 3º; Maypo al 4º; Chacabuco al 5º y Ayacucho al 6º.

Estos escuadrones llevan en su brazo izquierdo los siguientes escudos, oportunamente otorgados en el campo de batalla: el escuadrón Junín el "Escudo de Mirabe"; el escuadrón San Lorenzo el "Escudo de Caranpangue"; "Escudo de Mirabe"; el escuadrón San Lorenzo el "Escudo de Caranpangue"; el escuadrón Maypo el "Escudo de Maypo"; el escuadrón Chacabuco el "Escudo de Chacabuco" y el escuadrón Ayacucho el "Escudo de Junín y Ayacucho." Siguen los granaderos peleando con todo fervor por la libertad de tierras hermanas. Se encuentran en la victoria de Pichincha y entran en Quito como un año antes lo habían hecho en Lima. Intervienen en la Primera Expedición a Puertos Intermedios con un escuadrón al mando del Sargento Mayor José Soler, y también en la segunda e infortunada expedición donde a fuerza de valor salvan el honor argentino en los desastres de Torata y Moquegua.

Producida la abdicación y retiro del General San Martín del escenario americano aquellos valientes que formara a su imagen y semejanza combaten al lado de colombianos y peruanos, bajo las órdenes de Bolívar, en las dos últimas grandes batallas de la emancipación continental.

Están presentes en las pampas de Junín, en agosto de 1824, bajo el mando de Bruix, acompañando con su galope furibundo la carga gloriosa de Isidoro Suárez, como también lo están, aunque no se los nombre expresamente en el parte de la victoria, cargando en Ayacucho, en diciembre de ese mismo año, en el epílogo del dominio español en América.

Ya nada más quedaba por hacer. Habían hecho tres naciones y contribuido a la formación de otros tantos Estados, sin alardes ni posturas, con la misma sencillez con que ensayaban los movimientos de combate en el viejo y lejano cuartel del Retiro. Volverían anónimamente, como cuando emprendieron el camino de la epopeya. Muchos quedaron sin saber dónde murieron, teniendo como mortaja el cielo azul y como sepulcro la tierra fragosa de los Andes.

Los hombres pronto los olvidarían pero nunca esa América que había vitalizado su ofrecerse al mundo como esperanza de fe y de libertad.


De regreso a la Patria

Ya había terminado la gesta con la resonante victoria de Ayacucho. El General Cirilo Correa, jefe de la División de los Andes, se dirige desde Lima, con fecha 10 de enero de 1825, al Ministro de Guerra y Marina de las Provincias Unidas del Río de la Plata... "en precaución de las circunstancias que pudieran sobrevenir y anheloso por el bien de mi patria me dirijo a vuestra señoría como jefe que fui encargado últimamente de la división para que consultándolo al supremo gobierno se sirva comunicar sus órdenes sobre el particular por el conducto más conveniente."

En la misma carta plantea la situación del Regimiento que había quedado a las órdenes del general Bolívar, expresándose en términos laudatorios, con las siguientes palabras: "Este cuerpo, que concurrió a la memorable jornada de Junín, bajo las órdenes del señor Coronel Bruix ha continuado luego a las del Sargento Mayor Bogado unido a la columna de caballería del Ejército Libertador y habiéndose sostenido con honor algunos encuentros en su marcha, se ha encontrado en la célebre batalla de Ayacucho que ha libertado absolutamente al Perú del dominio español."

Luego de Ayacucho el General Sucre destina al Regimiento a la zona de Huanta, desde donde iniciaría posteriormente el regreso a la patria. En las comunicaciones que hace el vencedor de Ayacucho se habla en tono hiriente del Regimiento a las órdenes del Coronel Bogado. La justicia histórica, más fuerte que la pasión de los hombres, no ha necesitado en este caso salir a la palestra a defender con argumentos o pruebas el honor de un regimiento cuya foja de servicios se confunde con la historia heroica de la libertad de América. El Regimiento de Granaderos estacionado en Huanta marcha, por orden de Bolívar, hasta Arequipa a donde arriba el 18 de marzo de 1825.

En dicha zona el Prefecto recibe la orden del Libertador del Norte de ajustar los sueldos correspondientes al mes de febrero a los granaderos que se encontraron en la batalla de Ayacucho, y la de contratar un buque para llevar al puerto de Valparaíso sólo a aquel personal militar que sea oriundo de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

A fines del mes de junio el centenar de hombres que forma el regimiento se embarcan en el bergantín "Perla", en el puerto de Ilo, llegando al puerto de Valparaíso el 10 de julio de 1825. Con fecha 22 de julio, el Coronel Bogado eleva desde Santiago de Chile el estado de las fuerzas "... que componen el resto del regimiento a mi mando, quienes por su constancia y fidelidad al pabellón nacional durante la larga campaña del Perú tienen la gloriosa satisfacción de volver a su patria, después de haber sellado la independencia, en la memorable batalla de Ayacucho."

La triste situación económica en que se halla el Regimiento induce al Coronel Bogado a solicitar el apoyo correspondiente al antiguo oficial del regimiento don Ramón Freyre, en ese entonces Director Supremo de Chile, quien entrega, ante la carencia de fondos del Estado, cien pesos de su peculio personal, los cuales se le devuelven de inmediato al conocer Bogado que el General Martínez era quien debía proporcionarles los medios que necesitasen. A las angustias económicas para el pago de los sueldos, como para el racionamiento, se agrega la carencia de vestuario que motiva un urgente pedido del General Martínez, con fecha 9 de octubre, para la confección de uniformes..."...dado el estado de desnudez en que se encuentra la tropa."

Resuelto el pasaje de la cordillera apenas se abrieran los pasos, el movimiento se inicia por destacamentos a partir del 6 de diciembre, llegando a Mendoza unos días después. Con fecha 31 de diciembre el comisario de guerra pasa la revista reglamentaria, cuya histórica copia contiene los nombres de todos aquellos valientes granaderos que regresan a la patria.

Al fin, el 13 de enero de 1826 se inicia la marcha a Buenos Aires, la cual se hizo en veintitrés carretas. En silencio, invencibles, cruzados de cicatrices, cargados de glorias llegan a Buenos Aires, el 13 de febrero de 1826, los restos del Regimiento de Granaderos a Caballo de los Andes, después de trece años de intenso batallar por los campos de medio continente para concretar la libertad de las naciones de América. Volvían al viejo cuartel de Retiro los efectivos de los escuadrones 1º, 2º y 3º, que en Junín y Ayacucho habían contribuido a consolidar la definitiva derrota de las fuerzas realistas.

Volvía también el espíritu del 4º escuadrón, que a las órdenes del Comandante Viel había escrito, en el sur de Chile, páginas inimaginables de valor en la afirmación de la independencia del hermano país, allende los Andes. Volvía, a las órdenes del Coronel don José Félix Bogado, aquel paraguayo que, prisionero de los realistas, es canjeado luego de San Lorenzo y se incorpora como recluta el 11 de febrero de 1813, juntamente con otros seis valientes que cumplieron toda la epopeya.

Volvían, junto con su Jefe, el Sargento Ayudante Paulino Rojas, dado de alta el 2 de marzo de 1814; el Capitán Francisco Olmos, de alta el 12 de setiembre de 1812; el Sargento Segundo Patricio Gómez, de alta el 1º de marzo de 1813; el Sargento 2º Damasio Rosales, de alta el 23 de setiembre de 1812; el Sargento 2º Francisco Bargas, el 23 de setiembre de 1812; y el trompa Miguel Chepoya, en el año 1813, además de 72 valientes más incorporados en las diversas etapas de la dilatada campaña del regimiento.


Historia de la segunda época

El regimiento, disuelto en 1826, justamente al terminar la guerra de la emancipación, no participaría, por dicha circunstancia, en las guerras internacionales ni en las contiendas internas que asolaron al país. El espíritu que animó al Santo de la Espada en toda su vida, de no mezclarse jamás en las luchas civiles ni en participar en otra guerra que no fuese destinada a lograr la libertad de la propia patria y de otras naciones del continente, por esos avatares del destino, se había transmitido incólume al Regimiento de Granaderos, que podía ostentar con legítimo orgullo tan preciado antecedente, no dado a ninguna otra unidad militar.

A principios del siglo el General Ricchieri, uno de los más grandes visionarios y ejecutores de la necesaria modernización del Ejército en todos sus aspectos, conciliaba aquella idea de progreso con la justa medida de respeto a las antiguas tradiciones que habían dado gloria a la institución armada en todo su brillante historial.


Recreación del Regimiento

De su propio puño, en un documento que se atesora en la sala histórica de la unidad, escribió el borrador del decreto de recreación del Regimiento que se promulgó, con fecha 23 de mayo de 1903, con la firma del Presidente Roca. El referido decreto expresa lo siguiente: "Buenos Aires, mayo 25 de 1903.

"Considerando conveniente conservar en el Ejército de la Nación la representación del glorioso Ejército de la Independencia mediante la reorganización de uno de sus cuerpos más beneméritos. El Presidente de la República DECRETA: Artículo 1º Queda reconocido como cuerpo permanente del Ejército, el regimiento de movilización creado por resolución ministerial del 3 de febrero del corriente año, el cual se denominará en homenaje a su antecesor "Regimiento de Granaderos a Caballo". Artículo 2º El Regimiento de Granaderos a Caballo usará en las formaciones de parada el uniforme histórico del Regimiento de la Independencia y tomará la derecha sobre los otros regimientos del arma."

La resolución ministerial a la que se refiere el decreto establecía en su artículo 1º que... "con los contingentes de 15 conscriptos de dos años, elegidos provenientes de cada una de las provincias y de la Capital Federal, y con los contingentes igualmente elegidos suministrados por los territorios federales todos los que se encuentran concentrados ya en esta capital se constituirá una unidad especial de caballería la que será adscripta, como unidad de movilización, al Regimiento 8 del arma, en el Campo de Mayo."

Actualmente se sigue manteniendo esta antigua disposición, siendo el Regimiento la única unidad del Ejército que incorpora conscriptos provenientes de todas las provincias del país, además de tres ciudadanos oriundos de Yapeyú, como una expresión de la integralidad de que el sentimiento sanmartiniano abarca a toda la nacionalidad, sin excepciones.

Como dato de interés cabe consignar que la reglamentación de la ley orgánica del Ejército establece que el referido personal, además de ser alfabeto, debe tener... "buena conformación y apariencia física, estatura superior a 1,75 mts. y que sepan andar a caballo." Así mismo, sigue en vigencia aquella disposición que determina la procedencia del cuerpo de formar a la derecha sobre todos los otros regimientos del arma como un homenaje a la más querida y significativa de las unidades de caballería, circunstancia que explica la razón de su ubicación en los desfiles, paradas y ceremonias.


Sucesivas denominaciones del Regimiento

Tres años más tarde de su recreación, en razón de ser... "conveniente mantener en el Ejército el nombre del Regimiento de Granaderos a Caballo, a fin de perpetuar la tradición gloriosa que nos legara por su bizarra actuación en las campañas que dieron por resultado la independencia americana..." según reza el considerando del decreto promulgado por el Presidente Figueroa Alcorta, siendo Ministro el General Campos, se resuelve en el artículo 1º que:

"El Regimiento 1º de Caballería de Línea se denominará Regimiento 1º de Línea, Granaderos a Caballo, debiendo este cuerpo en las formaciones de gala a que concurra usar el uniforme tradicional de aquel benemérito cuerpo". Al año siguiente, por otro decreto del Presidente Figueroa Alcorta, siendo Ministro de la Guerra el General Aguirre, con fecha 17 de julio de 1907 se designa..."al Regimiento Nº 1 Granaderos a Caballo escolta presidencial, debiendo conservar el uniforme que actualmente tiene en uso."

Esta misión de escolta presidencial que viene cumpliendo ininterrumpidamente desde hace sesenta años, se efectúa en todas las ceremonias oficiales a las que concurre el presidente de la Nación. También especifica al respecto el reglamento de ceremonial respectivo:

"Le corresponde el servicio de escolta al personal diplomático acreditado ante el gobierno, cuando concurre a presentar credenciales al Poder Ejecutivo."

Involucra también el servicio en la Casa de Gobierno, efectuado por una guardia especial al mando de un oficial, que tiene por misión rendir los honores correspondientes al primer magistrado y formar los cordones de honor en toda ceremonia que se realiza en la Casa Rosada.

Así mismo, le corresponde como obligación apostar diariamente centinelas en el mausoleo del General San Martín en la Catedral Metropolitana, como exclusivamente las guardias de honor en el monumento al prócer, en plaza San Martín, en los aniversarios patrios.

La seguridad personal del Presidente de la República constituye otra de las misiones básicas que cumple el Regimiento, apostando semanalmente efectivos del orden de un escuadrón en Casa de Gobierno y residencia presidencial de Olivos.

Con referencia al uniforme, según el referido decreto, corresponde el uso de las siguientes prendas:

Morrión: azul negro con el escudo nacional de bronce dorado al frente, coronado por la escarapela y llevando al pie la leyenda: "Libertad y Gloria".

Pompón y cordones de lana roja para la tropa. Cordón de oro para jefes. Casaca de paño azul gris: con cuello y vivos rojos, en el cuello y faldones, granadas amarillas la tropa; de oro para los oficiales.

Charreteras de lana para la tropa. Del modelo general para los oficiales; pero con flecos para todos.

Pantalón de paño azul gris con una franja roja.

Botas granaderas.

Banderola, cinturón y dragona para tropa. Banderola, cinturón, faja y dragonas de plata para los oficiales.

Espuela de bronce, con pilhuelo en S.

El 31 de octubre de 1911 se dicta un decreto por el cual el Regimiento 1º de Línea Granaderos a Caballo pasará a denominarse "Regimiento de Granaderos a Caballo ", en razón de que la anterior denominación no estaba de acuerdo con los fines expresados en el decreto de reorganización del segundo Cuerpo, por cuanto vendría a concentrar en una sola unidad la denominación de dos regimientos.

En el año 1918 el presidente Yrigoyen, siendo Ministro de la Guerra Elpidio González, considerando que era un acto de justicia expresar el nombre del Gran Capitán y fundador del regimiento que tantas glorias conquistara, decreta que a partir del 23 de marzo de ese año el Regimiento de Granaderos a Caballo se denominará además " General San Martín ", nombre que actualmente ostenta.

Queda siempre en pie la idea de que al Regimiento cabría denominarlo justicieramente Regimiento Granaderos a Caballo de los Andes General San Martín, conciliando así razones espirituales e históricas.

Durante esta segunda época, el regimiento inicialmente tuvo su cuartel en Liniers juntamente con el Regimiento 8 de Caballería. Posteriormente en 1908 pasó al predio situado entre el Hospital Militar Central y la Escuela Superior de Guerra, limitado por las calles 3 de Febrero y Cabildo al Sudoeste y Av. Luis M. Campos al Nordeste. Ha prestado escolta a numerosos jefes de Estado que han visitado el país y semanalmente, en términos de un escuadrón, escolta a los embajadores de los países amigos que concurren a presentar sus cartas credenciales al Presidente de la República. También ha salido fuera de las fronteras, en misión siempre de confraternidad, estando presente en la inauguración de las estatuas ecuestres levantadas al Libertador en Francia, en España, en Perú, en Chile y en Uruguay.

El viejo cuartel de Palermo ha visto pasar 63 clases, que han vestido el glorioso uniforme de granaderos cumpliendo siempre con equidad, patriotismo y legítimo orgullo la consigna de aprender a defender la patria. En ese mismo cuartel, en el Gran Hall de los Símbolos Sanmartinianos, juntamente con la Bandera de Guerra del regimiento y la Bandera del Ejército de los Andes, con la venerada imagen de la Virgen Generala Nuestra Señora del Carmen de Cuyo y los cofres de plata conteniendo tierra de Yapeyú, el solar nativo del Libertador, y de San Lorenzo, el bautismo de gloria de los granaderos, se encuentra a la veneración de todos los argentinos el sable corvo del Gran Capitán.


Condecoraciones otorgadas

En reconocimiento a sus indiscutidos méritos en la lucha tenida por la propia y ajena , libertad, la bandera de guerra del regimiento lleva en su corbata varias condecoraciones otorgadas por países amigos:


1. Condecoración "Abdón Calderón" de 1º clase, otorgada "al pabellón del Regimiento de Granaderos a Caballo General San Martín" por el gobierno de la República del Ecuador mediante decreto 262, fechado en Quito, el 5 de febrero de 1955, firmado por el Presidente Velazco Ibarra.

2. Condecoración "CRUZ DE LAS FUERZAS TERRESTRES VENEZOLANAS" en su 1º clase al "Estandarte del Regimiento de Granaderos a Caballo General San Martín", por el gobierno de la República de Venezuela conforme al voto favorable de la orden, fechado en Caracas el 19 de noviembre de 1960, firmado por el Presidente Betancourt.

3. Condecoración "ORDEN MILITAR DE AYACUCHO", en el grado de Caballero a la "Bandera de Guerra del Regimiento Granaderos a Caballo General San Martín", por el gobierno de la República del Perú, conforme a lo dispuesto en el artículo 3º de la ley 7.563, fechada en Lima el 26 de julio de 1961, firmada por el Presidente Prado.

4. Condecoración "CRUZ DE PLATA" de la "ORDEN DE BOYACÁ", otorgada a la "Bandera de Guerra del Regimiento de Granaderos a Caballo General San Martín", por el gobierno de la República de Colombia, mediante decreto 1.836, fechado en Bogotá el 15 de julio de 1965, firmada por el Presidente Valencia.

5. Condecoración de la "ORDEN NACIONAL AL MÉRITO", en el grado de oficial al "Pabellón del Regimiento de Granaderos General San Martín" por el gobierno de la República del Ecuador mediante decreto 514, fechado en Quito en el Palacio Nacional el 19 de mayo de 1967, firmado por el Presidente Arosemena Gómez.


Monumento a los Granaderos de San Martín

Resulta interesante señalar que desde hace muchísimos años existe una ley nacional que ordena la construcción de un monumento conmemorativo al Regimiento Granaderos a Caballo.

La iniciativa surgió a fines del siglo pasado, con motivo de realizar el pueblo de Buenos Aires un sentido homenaje al general don Eustaquio Frías, el último sobreviviente de los guerreros de la Independencia.

En aquella oportunidad, el 9 de julio de 1890, se le entregó al citado general una plaqueta rodeada de laureles de oro y plata y la suma de 2.537 pesos que restaron de la colecta pública realizada para concretar su homenaje. Dicho dinero fue entregado al club de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires a los efectos de que sirviera de base para la erección de un monumento a los Granaderos a Caballo, el que se encuentra depositado en una cuenta especial en el Banco de la Nación.

En 1917, con motivo de cumplirse el centenario del Paso de los Andes se promulgó la ley 10.087 disponiendo la construcción del referido monumento en la plaza San Martín, depositándose en el lugar señalado un cofre conteniendo copia de la ley y diversos documentos.

La euforia patriótica de aquella celebración pronto quedó olvidada hasta que en 1956, con motivo de la remodelación de la plaza San Martín, se encontró dicho cofre, el que actualmente se encuentra depositado en el museo Saavedra.

El 14 de septiembre de 1959 el Honorable Consejo Deliberante de la ciudad de Buenos Aires dispuso, por resolución 15.577, arbitrar los medios para llevar adelante esa obra. Actualmente el Poder Ejecutivo Nacional tiene en sus manos la resolución al respecto a través de la Secretaría de Cultura y Educación de la Nación.

No nos corresponde ensayar, por razones obvias, la defensa de aquella iniciativa, tantas veces postergada. Sólo nos cabe recordar aquellas sabias palabras del Presidente Avellaneda, que al ver cómo se iba integrando la República con cada vez mayores caudales de población de distintas nacionalidades expresara:

"Los pueblos que olvidan sus tradiciones pierden la conciencia de sus destinos y los que se apoyan sobre sus tumbas gloriosas son los que mejor preparan el porvenir."

También, dentro del predio del regimiento está en proyecto levantar un sencillo monumento recordatorio de los granaderos muertos en el cumplimiento de su deber, desde 1813 hasta nuestros días.

Este se materializará con la reproducción en tamaño natural del sencillo bronce que representa un altivo granadero en posición de descanso, donde se lee, en el basamento, la inscripción "DE BUENOS AIRES A QUITO". Una sola frase que encierra en los términos de dos ciudades nada menos que la epopeya de América.En ese símbolo el artista ha captado la historia de un regimiento que ha sido y es parte misma de la patria.

No ha necesitado de grandes masas o de adornos para dar a su escultura toda la grandiosidad que fluye generosamente de su misma esencia de la misión cumplida. Tarea de titanes, jalonada de sacrificios, cumplida en años de terribles pruebas, sin desfallecer jamás para cumplir con el compromiso contraído de libertar América. Libertar otras tierras hermanas, sin pretensión de conquista, o de dominio territorial, sino sencillamente libertarlas de una opresión, sin pedir, ni exigir nada, como caballeros de una cruzada redentora. Orgullo argentino en esa hazaña que cumplieron los granaderos criollos salidos un día desde el viejo cuartel del Retiro para escribir con el filo de sus corvos en San Lorenzo, en Chacabuco, en Maipú, en Junín y en Ayacucho, para nombrar las de mayor gloria, las páginas señeras de la americanidad.

En breves trazos se ha pretendido expresar la historia del Regimiento de Granaderos a Caballo, que es la historia de la patria misma en la epopeya de la emancipación propia y la del continente. Por eso ha podido decirse que es "la más alta personificación de la gloria militar en América" y que " con sus hechos de armas dejó trazada a su paso una estela luminosa de triunfos tan señalados, de victorias de tanta importancia, que no hay, aún hoy, en la historia de todas las fuerzas militares de las diferentes naciones que forman el mundo americano unidad orgánica alguna que ostente un historial de servicios análogos "

Con sus hazañas, con su valor, los Granaderos a Caballo de los Andes hicieron honor a aquellas palabras de su jefe:

"De lo que mis granaderos son capaces, sólo yo sé, quien los iguale habrá pero quien los exceda, no."

ACLARACION: este trabajo del Coronel Leoni fue realizado en época del Servicio Militar Obligatorio.


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Ministerio de Cultura de la Nación