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047 | Gobernador Intendente de Cuyo - por Edmundo Correas (1901-1994)

San Martín Gobernador Intendente de Cuyo

Edmundo Correas (1901 -1994). Abogado. Fundador de la Universidad Nacional de Cuyo. Miembro de número de la Academia Nacional de la Historia y correspondiente de la Academia Sanmartiniana. Presidente de la Junta de Estudios Históricos de Mendoza.

Con motivo de las derrotas que en Vilcapugio y Ayohuma sufrió el Ejército del Norte comandado por Belgrano, el Triunvirato decidió reemplazarlo por el coronel San Martín, jefatura que no era del agrado de éste. El triunviro Nicolás Rodríguez Peña le escribió: "Tenemos el mayor disgusto por el empeño de usted en no tomar el mando de jefe, y crea que nos compromete mucho la conservación de Belgrano". San Martín obedeció y Belgrano recibió con alborozo la noticia.

En Tucumán, San Martín encontró unos tristes fragmentos de un ejército derrotado, oficiales desmoralizados que se niegan a todo lo que es aprender. Belgrano le ayudó con su habitual abnegación y patriotismo y San Martín expresó al gobierno que de ninguna manera es conveniente la separación del general Belgrano de este ejército. Lo considera el mas metódico y capaz de los generales de Sudamérica, lleno de integridad y talento natural y no hay - agrega - "ningún jefe que pueda reemplazarlo." En la misma comunicación dice: "me hallo en unos países cuyas gentes, costumbres y relaciones me son absolutamente desconocidas y cuya topografía ignoro; y siendo esos conocimientos de absoluta necesidad, sólo el general Belgrano puede suplir esta falla, instruyéndome y dándome las noticias necesarias de que carezco como lo ha hecho hasta quí."

El 22 de abril, San Martín escribió a su amigo Rodríguez Peña una carta publicada por Vicente Fidel López, cuyo original no se conoce: "no se felicite, mi querido amigo, de lo que yo pueda hacer en esta; no haré nada y nada me gusta aquí. No conozco los hombres ni el país, y todo esta tan anarquizado que yo se mejor que nadie lo poco o nada que pueda hacer. Ríase usted de esperanzas alegres.

La Patria no hará camino por este lado del norte, mas que no sea una guerra permanente, defensiva y nada más; para eso bastan los valientes gauchos de Salta, con dos escuadrones buenos de veteranos. Pensar en otra cosa es echar al pozo de Airon hombres y dinero. Así que no moveré ni intentaré expedición alguna. Ya le he dicho mi secreto. Un ejército pequeño y bien disciplinado en Mendoza, para pasar a Chile y acabar con los godos, apoyando un gobierno de amigos sólidos, para acabar también con los anarquistas que reinan. Aliando las fuerzas, pasaremos por el mar a tomar Lima; ese es el camino y no este, mi amigo. Convénzase usted que hasta que no estemos sobre Lima, la guerra no se acabará." Más adelante le dice que está bastante enfermo y quebrantado y agrega: "lo que yo quisiera que ustedes me dieran cuando me restablezca, es el gobierno de Cuyo. Allí podría organizar una pequeña fuerza de Caballería para reforzar a Balcarce en Chile, cosa que juzgo de grande necesidad, si hemos de hacer algo de provecho, y confieso que me gustaría pasar mandando ese cuerpo."

San Martín enfermó en Tucumán y por consejo de su médico, doctor Colisberry, se trasladó a Córdoba donde recibió la muy grata noticia de haber sido nombrado Intendente de Cuyo a solicitud suya –le decía el Director Supremo Gervasio Antonio Posadas- con el doble objeto de continuar los distinguidos servicios que tiene hechos al país, y el de lograr la reparación de su quebrantada salud en aquella deliciosa temperatura.


El pais cuyano

Las provincias de Mendoza, San Juan y San Luis integraban la Intendencia de Cuyo, desprendida de Córdoba del Tucumán. Su población y extensión se estimaba así, según el censo de 1812:


PROVINCIA CIUDAD CAMPAÑA TOTAL SUPERFICIE EN Km2
MENDOZA 5.478 7.831 13.318 150.000
SAN JUAN 3.591 9.388 12.979 86.000
SAN LUIS 1.716 15.121 16.837 76.700


Distribución de la población mendocina

Población Mendocina Ciudad Campaña
Americanos 2.529 3.054
Peninsulares 90 46
Extranjeros 11 8
Indígenas 548 2.327
Negros 2.200 2.356
Religiosos 109 40
TOTAL GENERAL 13.318


Distancias desde Mendoza A Buenos Aires 1.100 Km
A San Juan 1.100 Km
A San Luis 258 Km
A Santiago de Chile 390 Km


La recepción que le ofrecieron los mendocinos -dice el memorialista Damián Hudson- "fue festejada con las más vivas demostraciones de adhesión y de amor a su persona", y desde entonces jamás disminuyó un solo día la casi idolatría que tuvo Mendoza por el general San Martín que, a su vez, correspondió con una especial predilección constantemente recordada a lo largo de toda su vida.

Cuando San Martín llegó a Mendoza el 7 de septiembre de 1814, tenía 36 años. Su figura marcial y su afable trato le conquistaron de inmediato la simpatía de los mendocinos. De su personalidad física, moral e intelectual; de sus trabajos y costumbres, de su vida civil y militar hay numerosos testimonios de quienes lo conocieron y trataron en aquellos años.


Desastre de Rancagua

El 18 de septiembre de 1810 se había instalado en Chile el primer gobierno independiente presidido por el venerable anciano Mateo de Toro Zambrano e integrado, entre otros, por el mendocino Juan Martínez de Rozas.

Ignacio de la Carrera pertenecía a una de las principales familias chilenas, era padre de Juan José, José Miguel, Javiera y Luis, apasionados patriotas que serán protagonistas de sucesos dramáticos y trágicos en la Argentina. José Miguel regresó de España en 1811. Era un joven arrogante, de hermosas facciones, ambicioso, dominante y con cierto poder carismático que le conquistaba simpatías, hasta admiración. Apoyado por sus hermanos que tenían comando de tropas, se apoderó del gobierno y desterró a algunos patriotas, entre ellos a Martínez de Rozas que murió amargado en su ciudad natal. También llegaron, desterrados, el brigadier Juan Mackenna y el diplomático Antonio José de Irizarri.

En Chile, se fueron dividiendo y encontrando las opiniones y llegaron a formarse dos núcleos o bandos: los "carrerinos" y los "larraines", entre éstos figuraba Bernardo O'Higgins quien estando al frente de sus tropas sufrió el desastre de Rancagua, el 2 de octubre de 1814, sin que le socorriera José Miguel Carrera que comandaba la división del ejército a ojos vista de la ciudad sitiada. En Rancagua terminó la Patria Vieja y empezó la emigración de familias y soldados.

Apenas supo San Martín el desastre, solicitó auxilios a los mendocinos y con la mayor prontitud -ha escrito él- salieron al encuentro de estos hermanos más de mil cargas de víveres y muchísimas bestias de sillas para su socorro. "qout;Yo salí a Uspallata -agrega- distante 30 leguas de Mendoza, en dirección a Chile, a recibirlos y proporcionarles personalmente cuantos consuelos estuvieran en mi posibilidad". Entre los cientos de emigrados venían el general O'Higgins con su madre, doña Isabel Riquelme y su hermanastra Rosita; venían fray Luis Beltrán y los Carrera. Desde que José Miguel pisó suelo argentino mostró su habitual soberbia y espíritu de mando a extremos que San Martín le comunicó que nadie daba órdenes más que el Gobernador- Intendente y no permitiría que alguien se atreviera a recomendarle sus deberes. Desde ese día se inició el desacuerdo entre estos dos hombres, que en Carrera llegará al más desorbitado odio.


Gobierno y administración de San Martín

Fueron decisivos los trabajos realizados por San Martín en el gobierno y administración de Cuyo, en particular en Mendoza donde residió, desde el 7 de septiembre de 1814, día en que llegó, hasta el 23 de enero de 1817, día en que salió para Chile. Aquí, en realidad, forjó la independencia de tres naciones.

Muchos de los emigrados chilenos fueron alojados en casas de familia, otros en cuarteles, algunos soldados quedaron en Mendoza y los demás siguieron a Buenos Aires, donde ya estaban los Carrera.

Ahora necesitaba el gobernador redoblar su atención al gobierno civil y militar. Era indispensable recuperar Chile, la "ciudadela de América" y poco podía esperar entonces del gobierno de Buenos Aires urgido por las necesidades del Ejército del Norte. Entre bromas y veras, el Director Posadas le aconsejaba arreglarse como pudiera, "ínterin acá me peleo para mandar tercerolas, sables viejos, o demonios coronados para que se ponga la cosa en pie de defensa". Era indispensable obtener los recursos de Cuyo que, a pesar de su pobreza, con el sacrificio y la abnegación de las tres provincias, dio vida al Ejército de los Andes.

San Martín desempeñó todas las funciones de gobierno: fue poder ejecutivo, legislador, juez, edil y jefe militar; además, diplomático y político. No obstante la extensión de su poder, no lo desempeñó como déspota. En todas las funciones demostró las características de su personalidad: previsor, disciplinado, virtuoso, infatigable, apasionado por la libertad.

Tuvo excelentes colaboradores que supieron interpretarlo, entre otros, los tenientes gobernadores Toribio de Luzuriaga en Mendoza, José Ignacio de la Rosa en San Juan y Vicente Dupuy en San Luis. Más de una vez exigió contribuciones y ayudas extraordinarias. "El pueblo derrama a borbotones toda clase de ayuda", dice Luzuriaga. Prueba de la estimación popular fue la adhesión que le demostró el Cabildo Abierto cuando en 1815 el Director Alvear le aceptó la renuncia y designó en su reemplazo al coronel Perdriel. "¡Queremos a San Martín!", fue el grito unánime de los mendocinos y el voto de los Cabildos de San Juan y San Luis. Y fue el Cabildo mendocino quien le donó doscientas cuadras en Los Barriales, donde él hubiera deseado vivir siempre. Ese mismo Cabildo lo declaró "Ciudadano Honorario y Regidor Perpetuo" en 1821, cuando ya no era gobernador y estaba lejos de Mendoza.

Durante su gobernación, entre otras iniciativas y realizaciones, San Martín difundió la vacuna antivariólica; embelleció y extendió la vieja Alameda, paseo habitual de la sociedad mendocina; abrió canales de riego; delineó la Villa Nueva; impulso la industria y el comercio; dispuso el blanqueo de las casas; prohibió la construcción de balcones y ventanas voladas que obstruían el paso de los transeúntes. Era asiduo lector y escribía con elevación y cierta elegancia, pero deplorable ortografía. Por él se fundó la primera biblioteca mendocina y más tarde la del Perú; fomentó la instrucción y educación en Cuyo, dictó instrucciones a los maestros de escuela, prohibió los castigos corporales a los escolares y contribuyó a la creación del colegio de la Santísima Trinidad, primer establecimiento educacional mendocino de enseñanza secundaria. No pudo asistir a su inauguración, que estuvo a cargo de Luzuriaga, pero ha dejado un mensaje inolvidable que está transcripto en el Acta funcional de la Universidad Nacional de Cuyo del 27 de marzo de 1939: "Ningún hombre nacido en esta tierra debe tener a menos o creer que hace un sacrificio viniendo a esta ciudad excelente a fundar estudios hasta que ellos puedan marchar por sí solos..."

"El gobierno de San Martín en Cuyo se parece un poco al de Sancho Panza en la ínsula Barataria", dice Mitre. Y es verdad, porque el juzgó y sentenció con criterio humano, de acuerdo con la verdad sabida, el buen juicio y la clemencia, sin invocación de leyes ni intervención de abogados y procuradores. Fue juez como un buen padre de familia y hay muchas anécdotas que lo atestiguan y demuestran sensibilidad. Cuando supo que a los presos en la cárcel de Mendoza les daban de comer cada 24 horas, se dirigió al Cabildo para que se incluyera cena en la alimentación diaria.


Su hogar

En la vida pública y privada de San Martín hay unidad moral en su conducta. Ninguno de los que lo envidiaron, calumniaron y odiaron, pudo, con verdad, señalar un solo acto de inconducta de este hombre.

San Martín se había casado en septiembre de 1812 con Remedios de Escalada de la Quintana, de una de las principales familias de Buenos Aires. Tenía él entonces 34 años y ella cumplía 15. En el año siguiente, San Martín fue enviado a Tucumán y luego pasó a Mendoza en 1814. Aquí forma su hogar. El Director Posadas, amigo suyo y de la familia Escalada, organiza el viaje de la joven esposa, cuya salud fue siempre delicada. La acompañan dona Benita Melo y su esposo "Manolito Corvalán que es natural de esa ciudad y de una de las familias principales", así le escribe Posadas. El 1 de octubre le informa: "por fin partió su madama, la cual no ha tenido culpa en la demora, sino sus padres, según ellos mismos me lo han dicho, pues no han querido que pase a un país nuevo sin todos los atavíos correspondientes a su edad y nacimiento. Al fin, son sus padres y es forzoso que, al menos en esa ocasión, los disculpe usted."

A los pocos días de llegar, Remedios - como la nombran- era el centro de la sociedad mendocina que espontáneamente simpatizo con la gentil esposa del gobernador. Fue ella quien organizó la donación de joyas para el servicio de la patria amenazada por un supuesto ejército español, y fueron damas mendocinas, sanjuaninas y puntanas, quienes respondieron a su reclamo. Ella, con sus nuevas amigas Margarita Corvalán, Mercedes Alvarez, Laureanita Ferrari y la joven chilena Dolores Pratt de Huici, cuyo esposo murió en el desastre de Rancagua, fueron quienes bordaron la bandera de los Andes jurada el 5 de enero de 1817, en el mismo día que se consagró patrona del ejército a la Virgen del Carmen de Cuyo. El hogar de San Martín se instaló en una modesta casa de la actual calle Corrientes y allí nació, el 24 de agosto de 1816, su única hija, Merceditas, que será su felicidad y consuelo hasta la muerte.


El Ejército de los Andes

San Martín había pedido la gobernación de Cuyo para organizar un pequeño ejercito bien disciplinado, para pasar a Chile y, después de libertarlo, continuar al Perú, centro nutricio de la resistencia española.

Mientras actúa en el fuero civil, trabaja en la organización del ejército. Se levanta a las 4 de la mañana y desde las 5 está en la faena. "Trabajo como un macho", le escribe a Guido, pero no recibe franco apoyo de Buenos Aires. El mismo cree que "San Martín será siempre sospechoso." Le llegan anónimos y pasquines con calumnias, insultos y amenazas.

Le dicen que es ambicioso, cruel, ladrón y poco seguro a la causa, porque habría sido enviado por los españoles. "Usted dirá -le escribe Guido - que me he incomodado. Sí, mi amigo, un poco. Pero después llamé a la reflexión en mi ayuda, hice lo que Diógenes, zambullirme en una tinaja de filosofía y decir: todo es necesario que sufra el hombre público para que esta nave llegue a puerto..."

Sin duda, Buenos Aires ayudó mucho, pero más ayudó Cuyo. La mayor parte del ejército, hombres, armas, caballería, vituallas, ropas y diversos pertrechos fue de origen cuyano. Todo Cuyo estuvo al servicio del ejército, incluso indios pehuenches y negros esclavos. Más de 700 operarios trabajaron día y noche en la maestranza que dirigía Fray Luis Beltrán, en el molino de Tejeda, en la fábrica de pálvora de Alvarez Condarco y cientos de mujeres y muchas monjas de Mendoza, San Juan y San Luis tejían ponchos, matras, picotes y cosían ropas para los 7000 hombres que llegó a tener el ejército, incluso los milicianos, boyeros, herradores, barreteros y baqueanos. En septiembre se concentró el ejército en el campamento del Plumerillo, ya que hasta entonces estaba alojado en cuarteles, conventos y casas de familia de la ciudad.

Todos los cuyanos respondieron al reclamo de San Martín, incluyendo algunos niños. Todos dieron algo, unos dinero, otros acémilas, caldos y las más diversas cosas. Impresiona la lista de donaciones de mujeres sanjuaninas y puntanas. Ya en vísperas de la partida, del paso de la cordillera, que era lo único que le hacia perder el sueño a San Martín, le escribió a Godoy Cruz que le faltaba tiempo, dinero, salud, "pero estamos en la inmortal provincia de Cuyo y todo se hace. No hay voces ni palabras para expresar lo que son estos habitantes."

Dos meses después, desde la cuesta de Chacabuco, el 12 de febrero de 1817, el general San Martín "al apearse de su caballo -dice Mitre- cubierto aún con el polvo del combate, su primer pensamiento fue por los pueblos cuyanos que le habían proporcionado los medios de realizar su empresa y escribió a los Cabildos de Mendoza, San Juan y San Luis: "gloríese el admirable Cuyo de ver conseguido el objeto de sus sacrificios. Todo Chile es nuestro."


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