Argentina 200 años de Independencia

200 AÑOS DE INDEPENDENCIA

 

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055 | Juicios sobre el cruce de los Andes - Por Bartolomé Mitre (1821-1906)

El juicio de la posteridad americana es unánime respecto de la trascendencia del paso de los Andes por San Martín, así como gran operación de guerra ofensiva, cuanto por la influencia que tuvo en el éxito final de la lucha de la emancipación del nuevo mundo meridional, y su mejor comentario son sus resultados. Por eso sólo haremos mención de los juicios que los adversarios y los extraños han pronunciado a su respecto, considerándolo militar y científicamente en sus relaciones con el arte de la guerra y la historia general.


Juicio de los españoles

Un escritor militar español, y por lo tanto adversario nacional de San Martín -a quien llama “terrible campeón de la independencia americana”- ha dicho, juzgando el paso de los Andes: “es uno de los más gloriosos que ha visto el mundo”, y lo coloca entre las operaciones en que el teatro de la guerra “es a la vez cordillera y desierto”. Napoleón establece en sus Memorias de Santa Elena que las naciones tienen tres clases de fronteras protectoras: los mares o ríos, las montañas y los desiertos, y que estos últimos son los más difíciles de vencer. En el paso de los Andes se reunían estas dos dificultades, que según el escritor citado, levanta por el solo hecho de vencerlas al ejército que lo ejecutó, “un monumento de gloria inmortal”. Aún cuando el autor de la obra militar de que extractamos este juicio, no se muestre muy conocedor de la topografía del país y de la historia circunstanciada de la expedición, vese que la ha comprendido en sus grandes lineamientos. He aquí un rasgo con que la sintetiza y que revela la admiración del soldado a la par de la simpatía humana: “El carácter, la constancia, -dice-, y el buen ejemplo que daba el general, que era el primero en la fatiga y el sufrimiento, y que sostenía y celaba con inteligencia la moral del soldado, pudieron llevar a feliz éxito tan atrevida empresa, y por fin después de andar veintitrés días, el ejército republicano se presentó como llovido del cielo al otro lado de las montañas entre los dos cuerpos españoles. La victoria no podía ser dudosa”. La compara después como operación propia de la gran guerra, con el paso de los Alpes de Macdonall por los Grisones en 1800, colocándolo en primera línea como dificultad vencida. Acentúa el significado de este juicio de un adversario, la circunstancia de que el libro de que es tomado, está consagrado al arte militar teóricamente considerado, con el objeto de ofrecer lecciones al ejército español, y es dedicado a uno de los primeros generales de la España moderna, argentino de nacimiento, pero servidor fiel de la causa de su patria adoptiva.


Juicio de los enemigos

Los historiadores españoles de la revolución americana, que la han considerado del punto de vista de sus pasiones e intereses nacionales, no pueden menos que hacer justicia a esta gran operación, reconociendo el genio del general que la concibió y ejecutó. Torrente, el más parcial de todos, dice refiriéndose a ella: “San Martín nada ignoraba dé lo que sucedía entre los realistas; su correspondencia con los descontentos de Chile iba haciendo los más rápidos progresos en la opinión; su osadía crecía en razón directa del desaliento del enemigo que iba a combatir. El plan que tenía adoptado era el más seguro para darle la victoria, y el darle ejecución con tanta rapidez y felicidad, le hicieron adquirir un lugar distinguido en el templo de la fama revolucionaria”. El general García Camba, actor en la guerra hispanoamericana bajo la bandera española en el Perú, y juez competente, le tributa sin reserva leal homenaje en términos tan precisos como imparciales: “La pérdida del reino de Chile, - dice-, fue un suceso de inmensa trascendencia, fatal para las armas españolas. Sabíase que hacia tiempo organizaba el general San Martín un ejército con este objeto en Mendoza, a la banda oriental de la cordillera de los Andes. Las tropas realistas componían entonces una fuerza de 7.000 hombres; pero el astuto enemigo supo distraer de tal modo la atención del general Marcó del Pont, que lo hizo incidir en el gravísimo error de pretender cubrir una línea de muchas leguas de extensión, quedando por consiguiente débil en todas sus partes. Obtenido este deseado resultado, se puso San Martín en marcha con 4.200 hombres de línea y 1.200 milicianos. La imparcialidad exige confesar, que la pronta organización de su ejército en Mendoza, con las dificultades que of rece el país, la invasión de Chile y su entendida ejecución, recomiendan el mérito de San Martín”.


Juicio de los alemanes

Los escritores militares alemanes de la escuela de Federico, en una época (1852) en que buscaban en la historia ejemplos que presentar como lecciones a su ejército, consideraron digno el paso de los Andes de ser estudiado como un modelo, deduciendo de él enseñanzas nuevas para la guerra. “La poca atención, - decían,-que en general se ha prestado al estudio de la guerra en la América del Sur, hace más interesante la marcha admirable que el general San Martín efectuó a través de la cordillera de los Andes, tanto por la clase de terreno en que la verificó, como por las circunstancias particulares que la motivaron. En esta marcha, así como en la de Suwarof por los Alpes y la de Perofski por los desiertos de la Turannia, se confirma más la idea, de que un ejército puede arrostrar toda clase de penalidades, si está arraigada en sus filas como debe, la sólida y verdadera disciplina militar. No es posible llevar a cabo las grandes empresas, sin orden, gran amor al servicio, y una ciega confianza en quien los guía. Estos atrevidos movimientos en los caudillos que los intentan, tienen por causa la gran fuerza de voluntad, el inmenso ascendiente sobre sus subordinados, y el estudio concienzudo que deben practicar sobre el terreno donde han de ejecutar sus operaciones para adquirir un exacto conocimiento de las dificultades que presente, y poderlas aprovechar en su favor, siendo su principal y útil resultado, enseñarnos, que las montañas, por más elevadas que sean, no deben considerarse como baluartes inexpugnables, sino como obstáculos estratégicos”. Bien que el autor alemán incurra en algunos errores históricos y topográficos de detalle, el relato que de la expedición hace es correcto en su conjunto, y ofrece una página de arte militar tan interesante e instructiva, como honrosa para el héroe de ella, cuyo retrato perfila, reconociéndole “gran talento, mucho valor y conocimientos militares muy superiores, y ser el más terrible antagonista de los españoles, por su constancia, su perspicacia y gran actividad”. Este autorizado juicio científico de una de las primeras escuelas militares del mundo, ha sido confirmado por la misma España, a quien San Martín venció, al traducirlo del alemán e insertarlo en su más acreditada revista facultativa, vulgarizándolo en el mundo del habla española para enseñanza de sus ejércitos.


Los cuatro pasos famosos

El paso de los Andes por San Martín está colocado por la historia y por la ciencia a la altura de los cuatro más célebres pasos de montaña que recuerde el mundo, y ocupa el tercer lugar en el orden cronológico. Fue la renovación de la campaña de Aníbal con las mismas proyecciones continentales, a través de las montañas de tres naciones, surcando además mares, como Alejandro, y venciendo mayores dificultades en su largo trayecto. Fue más metódicamente y con mayor seguridad, la renovación del famoso paso del Saint Jean por Bonaparte. Sin pretender comparar el genio inspirado y enciclopédico del primer capitán del siglo con el genio concreto del primer capitán americano, debe decirse en verdad, que teniendo el de San Martín todas sus previsiones, sus aciertos y su completo éxito final, no cometió ninguno de los errores técnicos, estratégicos o tácticos del gran maestro, ni en los medios de conducción de su material, ni en el paso de la montaña, ni en la distribución o concentración de sus tropas, errores que en el admirable plan de campaña del primero son meros lunares, que su genio corregía en el campo de la acción. Y si se comparan los medios de que uno y otro disponían, justo es dar la prioridad de las dificultades vencidas, al que con menos hombres y menos recursos supo allanarlas en la región andina, y predecir con más certidumbre el día y el sitio de la victoria, dejando de ello pruebas irrecusables, de más valor histórico que la anécdota dudosa que la tradición complaciente ha prestado como falsa hoja de laurel de la corona napoleónica, en contradicción con las peripecias de la campaña alpina no previstas, como la historia misma lo comprueba. Si el paso de los Andes se compara como victoria humana, con los de Aníbal y Napoleón, movido el uno por la venganza y la codicia, y el otro por la ambición, se verá, que la empresa de San Martín, grande militarmente en sí, aun poniéndola más abajo como modelo clásico, es más trascendental en el orden de los destinos humanos, porque tenía por objeto y por móvil la independencia y la libertad de un mundo republicano, cuya gloria ha sido y será más fecunda en los tiempos que las estériles jornadas de Trebia y de Marengo. Por eso, el único paso de montaña comparable bajo este aspecto con el de los Andes meridionales por San Martín, aunque sea una de sus consecuencias as, es el de Bolívar dos años después (año de 1819), a través de los Andes ecuatoriales, que dio por resultado la victoria americana de Boyacá (1819), complemento de la de Maipu (1818); y la reconquista de Nueva Granada, complemento de la de Chile al sur (1817).


Gloria inicial

Igualmente fecundos y decisivos ambos, y memorables como operación de guerra, el del libertador colombiano tiene las largas proyecciones instintivas del genio, aunque sin las admirables previsiones y la correcta regularidad de la combinación estratégica del general argentino, representando ambos una victoria humana; pero corresponde especialmente a San Martín la gloria inicial de haber dado con su paso de los Andes la primera gran señal de la guerra ofensiva en la lucha de la emancipación sudamericana, legando a la historia militar del nuevo y viejo mundo, la lección más acabada en su género.


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