Argentina 200 años de Independencia

200 AÑOS DE INDEPENDENCIA

 

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062 | La Batalla de Maipú - Por José Luis Picciuolo

Una de las críticas que se han hecho a San Martín, es no haber ordenado una rápida persecución de los restos del ejército realista después de la batalla de Chacabuco y no haber buscado la destrucción de las fuerzas adversarias que marchaban para reforzar a las derrotadas el 12 de febrero de 1817. Tal circunstancia permitió que los españoles incrementaran las guarniciones de Concepción y Talcahuano, que estaban al mando del coronel José Ordóñez y constituían el núcleo de la defensa realista en el sur de Chile. Puede afirmarse que tal persecución no pudo llevarse a cabo debido a la situación crítica de la caballada: gran parte del ganado había muerto o se encontraba imposibilitado para realizar operaciones ofensivas.

El 14 de febrero, entró el ejército vencedor en Santiago. No obstante que una asamblea declaró que era voluntad de todos nombrar a San Martín gobernador de Chile, el Libertador se negó y, a su pedido, fue nombrado el brigadier general Bernardo O’Higgins.

San Martín viajó a Buenos Aires porque era su intención conversar con el gobierno sobre la continuación de la guerra para llegar a Lima, centro del poder realista. Tuvo oportunidad de observar una nueva situación: las consecuencias de la invasión portuguesa a la Banda Oriental, efectuada por el general Lecory; el disgusto de las provincias contra el Directorio y la amenaza permanente de una expedición española hacia el Río de la Plata. En Chile, las fuerzas realistas continuaban resistiendo, y para apoderarse de Concepción, O’Higgins dispuso la marcha de una división al mando de Las Heras. Reforzada con otras tropas, constituyó el inicio de la llamada Primera Campaña al Sur. Esta operación culminó con el fracasado asalto a Talcahuano, realizado bajo el mando del mismo O’Higgins, en diciembre de 1817.El virrey del Perú, Joaquín de la Pezuela, viendo la necesidad de efectuar una ofensiva para reconquistar a Chile, resolvió organizar una fuerza de 3.200 hombres, con 10 piezas de artillería, a la órdenes del brigadier Mariano Osorio. Este ejército, transportado por once buques -utilizando la flexibilidad anfibia que por entonces disponían los españoles-desembarcó en Talcahuano el 15 de enero de 1818. Osorio debía aniquilar al ejército sitiador que se se encontraba en Concepción y, al reembarcarse -dejando a Ordóñez en la plaza fortificada- moverse por mar, para llegar a Valparaíso y ocupar Santiago. El virrey pensaba que San Martín acudiría a reunirse con O’Higgins, oportunidad en la cual la operación anfibia sería un éxito. No suponía Pezuela que el Libertador estuviese en conocimiento de sus planes.

Efectivamente, conocedor de ellos por sus informantes, San Martín se preparaba para contrarrestarlos.

La situación en Chile era inestable debido a la lucha interna entre los partidarios de 0’Higgins, quien ejercía un gobierno dictatorial. En Buenos Aires, los recursos económico estaban casi agotados: el Director Supremo Pueyrredón continuaba manteniendo enconada rivalidad con los caudillos provinciales, si bien prometió amplio apoyo a San Martín para su proyectada operación sobre el Perú. Por otra parte, la Banda Oriental seguía ocupada por fuerza portuguesas y en el norte la situación estaba relativamente calma. En mayo de 1817, cuando San Martín regresó de Buenos Aires, se preocupó por reorganizar el ejército chileno que, con el de la Provincias Unidas, había alcanzado a fines de ese año - alrededor de 8.000 hombres. Su intención, incluso antes del fracasado asalto a Talcahuano, era reunir en un solo conjunto a todas las fuerzas patriotas.

El núcleo del ejército realista lo integraban tres batallones de infantería (“Burgos”, “Infante Don Carlos” y “Arequipa”), dos escuadrones de caballería (“Dragones de la Frontera” y “Lanceros”) y una compañía de artillería. Osorio, al conocer el movimiento de regreso de O’Higgins, apreció que San Martín había adivinado su plan. Resolvió, entonces, bloquear el puerto de Valparaíso con la escuadra, mientras la masa de las fuerzas terrestres marchaba hacia Talca para tomar contacto con O’Higgins. San Martín, después de inspeccionar las defensa de Valparaíso, marchó hacia el sur para reunirse con el jefe chileno, llegando el 25 de enero a San Fernando. Al conocer el avance de Osorio desde Talcahuano, consideró que podía favorecer su propio accionar pues brindaba la oportunidad de elegir con tiempo el lugar de la batalla decisiva. El 12 de marzo en Chimbarongo, se produjo la unión del ejército patriota, cuyos efectivos totalizaban unos 8.000 hombres, con 33 piezas de artillería.

Osorio había tomado conocimiento de la intención del Libertador. Varios historiadores se han preguntado por qué se desprendió de la escuadra, cuando podría haber desembarcado en San Antonio y ocupado Santiago. Una maniobra terrestre significaba, como bien advirtió San Martín, hacer una guerra lenta.

El ejército realista alcanzó Talca el 4 de marzo. El día 12, mientras en Chimbarongo se producía el enlace de las fuerzas patriotas, la vanguardia realista de Primo de Rivera ocupó Curicó, límite máximo del avance, porque el grueso del ejército de Osorio -4.000 efectivos y 14 bocas de fuego- no había sobrepasado Camarico. En la mañana del 15 de marzo hubo un combate, sin mayores consecuencias, en proximidades de Quechereguas, después de lo cual, Osorio resolvió retirarse en dirección a Talca. Entre ambas localidades había dos caminos: el de Pelarco -al oeste- y más corto, el camino de los tres montes, al este. San Martín, al saber la retirada, trató de adelantarse por el este para realizar una maniobra envolvente. El día 18 de marzo, en horas de la noche, el ejército realista llegó a Talca.

Los patriotas ocuparon un terreno llano entre los ríos Lircay y Talca, caracterizado por la gran cantidad de surcos y huellas dejados por el paso de ganado. San Martín ubicó sus tropas en dos líneas en las inmediaciones del cerro Baeza, instalando su puesto de comando en el extremo suroeste del mismo, en una situación numérica y táctica favorable. Una junta de guerra convocada por Osorio, en la tarde del día 19, acordó la necesidad de una retirada nocturna.

Ordóñez hizo notar la imposibilidad de pasar el río con los patriotas encima y demostró a sus pares que con un golpe de audacia, llevando una sorpresa nocturna al campamento enemigo, podrían dar un vuelco favorable a la situación. San Martín, hábil en estar permanentemente informado sobre la situación del adversario, supo de esta decisión por un espía que se había enviado a Talca. Sabía, incluso, que a las 21:00 horas los realistas, formados en tres columnas, habían abandonado su acantonamiento para iniciar el ataque nocturno. El Libertador resolvió ejecutar un cambio en el emplazamiento que mantenía el ejército aliado en la localidad de Cancha Rayada, en los llanos de Talca. Se trataba de anular la operación enemiga y hacerlo, además, vulnerable a un ataque del flanco norte. Este importante movimiento no pudo llevarse a cabo en su totalidad debido a la acción de Ordóñez (Osorio permaneció en Talca) y a la confusión y desorden que cundió en el bando patriota, confusión que también se transmitió al realista. Solamente pudo retirarse disciplinadamente el Batallón No 11 de Infantería, al mando de Las Heras.

Las pérdidas patriotas en Cancha Rayada fueron importantes: 120 muertos, numerosos heridos y prisioneros y la pérdida de casi toda la artillería. El Ejercito Unido logró reagrupar en San Fernando y dos días después, a unos 4.000 hombres dispersos. O’Higgins, herido en un brazo, alcanzó Santiago en la noche de día 24. Las noticias del combate produjeron gran alarma y desconcierto en la población.

La circunstancia que los realistas no pudieron o no quisieron perseguir a las fuerzas patriotas, fue aprovechada por San Martín para librar, después, la batalla final.

La sorpresa de Cancha Rayada motivó al Libertador a esta exhortación: “Chilenos, uno de aquellos ocasos, que no es dado al hombre evitar, hizo sufrir a nuestro ejército un contraste... La patria existe y triunfará. Yo empeño mi palabra de honor de dar en breve un día de gloria a la América del Sur.”

Mientras O’Higgins retomó la dirección del Estado y organizó la defensa de la capital San Martín, vertebrado sobre la base de los efectivos que Las Heras logró salvar, se preparó para librar una batalla decisiva. Diez días después, el Ejército Unido se encontraba pronto a renovar combate, disponiendo de unos 5.000 hombres y 21 nuevas piezas de artillería.El brigadier Osorio había adelantado a Ordóñez hacia Quechereguas, con una importante división, con el fin de perseguir al ejército patriota, al que creía aniquilado. El jefe realista pensaba amenazar a Santiago por el oeste mediante una maniobra envolvente apoyada por la escuadra que realizaba el bloqueo.


La Batalla de Maipo

Atento al avance español, San Martín, convencido de su plena capacidad para oponerse al mismo consideró esta geografía como la más adecuada para presentar batalla. El dispositivo patriota se desplegó, el 4 de abril, sobre Loma Blanca y el realista, al mando de Osorio, sobre la elevación triangular. En las primeras horas de la mañana siguiente, el Libertador hizo el reconocimiento de la posición enemiga, observando que el grueso de las fuerzas españolas se había desplegado sobre un costado de la meseta previendo la posibilidad de un envolvimiento del mismo. El jefe realista había mandado emplazar dos cañones sobre el cerro Errázuriz y reforzado su artillería con cuatro compañías de Cazadores. Según el relato de O’Brien, San Martín exclamó: “Osorio es más torpe de lo que yo creía. El triunfo de este día es nuestro: el sol por testigo!”

El plan realista fue defensivo, pues Osorio, en su parte del 17 de abril, manifestó que esperaba conocer las ideas de San Martín. El jefe español distribuyó sus fuerzas en línea, sobre la base de tres agrupaciones: Primo de Rivera (compañías de Granaderos y Cazadores), Morla y Ordóñez. En el ejército realista algunos jefes, como Ordóñez y Morgado, sostenían la necesidad de una actitud ofensiva, tal cual había ocurrido en la junta de guerra previa a Cancha Rayada. Estos discensos se hicieron sentir también durante el combate y contribuyeron a la derrota española en Maipo. Un aspecto interesante del dispositivo inicial de Osorio fue que no dejó reserva: durante la batalla intentó organizarla sobre la base de la agrupación de Granaderos y Cazadores de Primo de Rivera, pero fue imposible por estar este jefe empeñado en combate con la división de Las Heras.

El plan y el dispositivo de San Martín, en cambio, fue ofensivo, aprovechando las ventajas del terreno para lograr una rápida victoria. Comprendió dos líneas y tres divisiones: Las Heras, al oeste Alvarado, al centro-este y la reserva, con tres batallones a ordenes de Quintana, centro y retaguardia.

La batalla se inició con un intenso fuego de la artillería patriota, que fue contestado por la realista. Era cerca del mediodía del 5 de abril de 1818. La división Las Heras encabezó el ataque a la posición de Primo de Rivera, con el fin de conquistarla y amenazar luego el flanco del dispositivo enemigo. La artillería española de los cerrillos de Errázuriz, abrió fuego de flanco sobre el Batallón No 11, sin detenerlo, mientras que los Dragones de Morado cayeron sobre Las Heras, quien ordenó a Zapiola para que los contuviera.

Entre tanto, la artillería de Blanco Encalada trataba de neutralizar el contraataque de los Dragones. Los dos escuadrones que encabezaban la formación de los Granaderos a Caballo, a las órdenes de Escalada y Medina, arrollaron a los Dragones empujándolos hacia el flanco noroeste del dispositivo realista (división “Morla”), pero, después de sufrir bajas, fueron obligados a replegarse. Reorganizados, con cuatro escuadrones, volvieron los Granaderos patriotas al ataque, haciendo desaparecer a los Dragones del campo de batalla.

El Batallón N 19 se posesionó de una pequeña altura desde la cual amenazó a los batallones Burgos y Arequipa. Cuando la División Alvarado, acompañando el avance de Las Heras, se encontraba a media distancia de la primera línea realista, Ordóñez ordeno un contraataque frontal con toda su división, que fue acompañada por los batallones Burgos y Arequipa. El Libertador ordenó, inicialmente, que la artillería de Borgono tratara de detener tal reacción, cosa que pudo concretar “con fuego de metralla”, pero sin impedir una cierta vacilación que fue salvada por la oportuna presencia de Quintana con la reserva.

Este fue el momento crítico de la batalla. Las Heras ordenó que el Batallón “Infantes de la Patria” concurriera en ayuda de Alvarado, para equilibrar la situación. Si bien la caballería realista del flanco derecho había sido cargada y derrotada por Freire, subsistía el peligro del avance de Ordóñez. San Martín dispuso el rápido movimiento de la reserva, que con sus tres batallones ejecutó un ataque al flanco derecho del dispositivo español que había iniciado el contraataque.

El brigadier Osorio, antes de producirse la crisis patriota, había dispuesto la concurrencia de Primo de Rivera como reserva. Esta orden, que inicialmente podría haberse cumplido con cierta dificultad, se ejecutó en el peor momento, porque los efectivos de Errázuriz estaban aislados del resto de la acción. En el cuadro final de la batalla, el dispositivo realista fue rodeado por la división Las Heras al oeste, Alvarado en el centro y Quintana al este. Ambas caballerías patriotas, de Zapiola y de Freire, completaron el cerco. Osorio trató de replegarse sobre la hacienda “Los Espejos”, y no consiguiéndolo, huyó en dirección a Talcahuano. Ordóñez ofreció la ultima resistencia en la misma hacienda, viéndose obligado a rendirse en menos de media hora.

La batalla finalizó hacia las seis de la tarde: los españoles tuvieron 2.000 muertos y fueron hechos prisioneros unos 3.000 hombres. Perdieron toda la artillería, parque y servicios logísticos, además de numeroso armamento. El ejército patriota sufrió la perdida de 1.000 hombres, entre muertos y heridos. La batalla se ejecutó como una típica acción de aniquilamiento.

Podemos afirmar que el triunfo patriota de Maipu consolidó la independencia de Chile, contribuyendo, en gran medida, a asegurar la futura expedición sobre el Perú y a hacer posible la acción vigorosa de Bolívar en Colombia y Venezuela. Expuso, claramente, el genio de San Martín y demostró su capacidad de recuperación después de Cancha Rayada.


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