Argentina 200 años de Independencia

200 AÑOS DE INDEPENDENCIA

 

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Libertador José de San Martín
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DOCUMENTOS

064 | Proclamación de la Independencia - Museo Histórico Nacional, Buenos Aires

Transcripción del documento referido a la proclamación de la Independencia de Chile

La fuerza ha sido la razón suprema que por más de trescientos años ha mantenido al Nuevo Mundo en la necesidad de venerar como un dogma la usurpación de sus derechos y de buscar en ella misma el origen de sus más grandes deberes. Era preciso que algún día llegase el término de esta violenta sumisión, pero entretanto era imposible anticiparla: la resistencia del débil contra el fuerte imprime un carácter sacrílego a sus pretensiones y no hace más que desacreditar la justicia en que se fundan. Estaba reservado al siglo XIX el oír a la América reclamar sus derechos sin ser delincuente y mostrar que el período de su sufrimiento no podía durar más que el de su debilidad. La revolución del 18 de setiembre de 1810 fue el primer esfuerzo que hizo Chile para cumplir esos altos destinos a que lo llamaba el tiempo y la naturaleza: sus habitantes han probado desde entonces la energía y firmeza de su voluntad, arrostrando las vicisitudes de una guerra en que el gobierno español ha querido hacer ver que su política con respecto a la América sobrevivirá al trastorno de todos los abusos. Este último desengaño les ha inspirado naturalmente la resolución de separarse para siempre de la monarquía española y proclamar su independencia a la faz del mundo. Mas no permitiendo las actuales circunstancias de la guerra la convocación de un Congreso Nacional que sancione el voto público, hemos mandado abrir un gran registro en que todos los ciudadanos del Estado sufraguen por sí mismos, libres y espontáneamente, por la necesidad urgente de que el gobierno declare en el día la Independencia o por la dilación o por la negativa; y habiendo resultado que la universalidad de los ciudadanos está irrevocablemente decidida por la afirmativa de aquella proposición, hemos tenido a bien, en ejercicio del poder extraordinario con que para este caso particular nos han autorizado los pueblos, declarar solemnemente a nombre de ellos, en presencia del Altísimo, y hacer saber a la gran confederación del género humano que el territorio continental de Chile y sus islas adyacentes forman, de hecho y por derecho, un Estado Libre Independiente y Soberano, y quedan para siempre separados de la monarquía de España, con plena aptitud de adoptar la forma de gobierno que más convenga a sus intereses. Y para que esta declaración tenga toda la fuerza y solidez que debe caracterizar la primera Acta de un Pueblo Libre, la afianzamos con el honor, la vida, las fortunas y todas las relaciones sociales de los habitantes de este nuevo Estado: comprometemos nuestra palabra, la dignidad de nuestro empleo y el decoro de las armas de la Patria, y mandamos que con los libros del gran registro se deposite el Acta original en el archivo de la Municipalidad de Santiago y se circule a todos los pueblos, ejércitos y corporaciones para que inmediatamente se jure y quede sellada para siempre la emancipación de Chile. Dada en el Palacio Directorial de Concepción, al 1 de enero de 1818, firmada de nuestra mano, signada con el de la nación y refrendada por nuestros Ministros y Secretarios de Estado en los Departamentos de Gobierno, Hacienda y Guerra. Miguel Zañartú - Ypolito de Villegas - José Ignacio Zenteno


Himno Nacional de Chile

CORO Dulce Paria, recibe los votos Con que Chile en tu aras juró Que, o la tumba serás de los libres, O el asilo contra la opresión.

I Ha cesado la lucha sangrienta Ya es hermano el que ayer opresor; Del vasallo borramos la afrenta Combatiendo en el campo de honor El que ayer doblegábase esclavo Hoy ya libre y triunfante se vé; Libertad es la herencia del bravo; la victoria se humilla a su pié.

II Alza, Chile, sin mancha la frente; Conquistaste tu nombre en la lid; Siempre noble, constante, valiente Te encontraron los hijos del Cid. Que tus libres, tranquilos coronen A las artes, la industria y la paz Y de triunfos cantares entonen Que amedrenten al déspota audaz.

III Vuestros nombres, valientes soldados, Que habéis sido de Chile el sostén, Nuestros pechos los llevan grabados. Los sabrán nuestros hijos también. Sean ellos el grito de muerte que lancemos marchando al lidiar, y sonando en la boca del fuerte, Hagan siempre el tirano temblar.

IV Si pretende el cañón extranjero Nuestros pueblos osado invadir, Desnudemos al punto el acero Y sepamos vencer o morir, Con su sangre el altivo araucano Nos legó por herencia el valor, Y no tiembla la espada en la mano Defendiendo de Chile el Honor. V Puro, Chile, Es tu cielo azulado, Puras brisas te cruzan también, Y tu campo de flores bordado, Es la copia feliz del Eden. Majestuosa es la blanca montaña Que te dió por baluarte el Señor, Y ese mar que tranquilo te baña Te promete futuro esplendor.

VI Esas galas, oh patria, esas flores Que tapizan tu suelo feraz, No las pisen jamás invasores; Con sus sombras las cubra la paz. Nuestros pechos serán tu baluarte, Con tu nombre sabremos vencer O tu noble, glorioso estandarte Nos verá combatiendo caer. D. Eusebio Lillo


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