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069 | Estatuto Provisional del Perú - Por José Francisco de San Martín (12 de Febrero de 1821)

Estatuto Provisional del Perú

“Al reasumir en mí el mando supremo bajo el título de Protector del Perú, mi pensamiento ha sido dejar puestas las bases sobre que deben edificar los que sean llamados al sublime destino de hacer felices a los pueblos. Me he encargado de toda la autoridad, para responder de ella a la nación entera; he declarado con franqueza mis designios, para que se juzgue de ellos según los resultados; y de los campos de batalla donde he buscado la gloria de destruir la opresión, unido a mis compañeros de armas, he venido a ponerme al frente de una administración difícil y de vasta responsabilidad. En el fondo de mi conciencia están escritos los motivos de la resolución que adopté el 4 de agosto, y el estatuto que voy a jurar en este día los explica y sanciona a un mismo tiempo. “Yo habría podido encarecer la liberalidad de mis principios en el Estatuto Provisorio, haciendo magníficas declaraciones sobre los derechos del pueblo, y aumentando la lista de los funcionarios públicos para dar un aparato de mayor popularidad a las formas actuales. Pero convencido de que la sobreabundancia de máximas laudables, no es al principio el mejor medio para establecer, me he limitado a las ideas prácticas que pueden y deben realizarse. “Mientras existan enemigos en el país, y hasta que el pueblo forme las primeras nociones del gobierno de sí mismo, yo administraré el poder directivo del Estado, cuyas atribuciones sin ser las mismas, son análogas a las del Poder Legislativo y Ejecutivo. Pero me abstendré de mezclarme jamás en el solemne ejercicio de las funciones judiciarias, porque su independencia es la única y verdadera salvaguardia de la libertad del pueblo; y nada importa que se ostenten máximas exquisitamente filantrópicas, cuando el que hace la ley o el que ejecuta, es también el que la aplica. “Antes de exigir de los pueblos el juramento de obediencia, yo voy a hacer a la faz de todos el de observar y cumplir el Estatuto que doy por garante de mis intenciones. Los que con la experiencia de lo pasado mediten sobre la situación presente, y estén más en el hábito de analizar el influjo de las medidas administrativas, encontrarán en la sencillez de los principios que he adoptado, la prueba de que yo no ofrezco más de lo que juzgo conveniente cumplir, que mi objeto es hacer el bien y no frustrarlo, y que conociendo, en fin, la extensión de mi responsabilidad, he procurado nivelar mis deberes por la ley de las circunstancias, para no exponerme a faltar a ellos. “Con tales sentimientos, y fiado en la eficaz cooperación de todos mis conciudadanos, me atrevo a esperar que podré en tiempo devolver el depósito, de que me he encargado, con la conciencia de haberlo mantenido fielmente. Si después de libertar al Perú de sus opresores puedo dejarlo en posesión de su destino, yo iré a buscar en la vida privada mi última felicidad, y consagraré el resto de mis días a contemplar la beneficencia del grande Hacedor del universo y renovar mis votos por la continuación de su propicio influjo sobre la suerte de las generaciones venideras.” José de San Martin


Himno Nacional del Perú

Somos Libres, seámoslo siempre, y antes niegue sus luces el sol, que faltemos al voto solemne que la patria al eterno elevo. Largo el tiempo el peruano oprimido la ominosa cadena arrastró condenado a una cruel servidumbre largo tiempo en silencio gimió. Mas apenas el grito sagrado libertad en sus costas se oyó la indolencia de esclavo sacude la humillada cerviz levantó. Ya el estruendo de roncas cadenas que escuchamos tres siglos de horror de los libres al grito sagrado que oyó atónito el mundo, cesó. Por doquier San Martín inflamado libertad, libertad pronunció y meciendo su base los Andes la anunciaron, también, a una voz. Con su influjo los pueblos despiertan, y cual rayo corrió la opinión; desde el istmo a las tierras del fuego, desde el fuego a la helada región, todos juran romper el enlace que natura a ambos el mundo negó, y quebrar ese cetro que España, requinaba orgullosa en los dos. Lima cumple ese voto solemne. Y, severa, su enojo mostró, al tirano impotente lanzando, que intentaba alargar su opresión. A su esfuerzo saltaron los grillos, y los surcos que en sí reparó, le atizaron el odio y venganza que heredara de su inca y señor. Compatriotas, no más verla esclava, si humillada tres siglos gimió, para siempre jurémosla libre manteniendo su propio esplendor. Nuestros brazos hasta hoy

desarmados, estén siempre cebando el cañón, que algún día las playas de Iberia sentirán de su estruendo el terror. En su cima los Andes sostengan la bandera o pendón bicolor, que a los siglos anuncie el esfuerzo que ser libres, por siempre, nos dio. A su nombre vivamos tranquilos, y, al nacer por sus cumbres el sol, renovemos el gran juramento que rendimos al Dios de Jacob Ernesto Alcedo.


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